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lunes, 26 de abril de 2010

Las fosas comunes: En el Valle de la Muerte


 Las víctimas comparten las fosas con los asesinados por los Duvalier Según la ONU hay entre 250.000 y los 300.000 fallecidos


Carlos Fresneda, Titanyen, Haití
El terreno está abonado desde tiempos inmemoriales con huesos y calaveras sin nombre. Papa Duvalier y Bébé 'Doc' Duvalier solían deshacerse aquí sin contemplaciones de los cadáveres de los disidentes. Y el Gobierno de Haití, o lo que queda de él, decidió que no había otro lugar mejor para enterrar a las víctimas del terremoto, más de 250.000 según el último recuento.
El macabro lugar se llama Titanyen, treinta kilómetros al norte de Puerto Príncipe, y tiene unas resonancias tétricas en la mente de los haitianos. El olor a putrefacción se mezcla con la hedionda brisa que proviene de las salinas cercanas. Las riadas y las lluvias torrenciales han removido los restos y amenazan con sacar a flote toda la miseria oculta del 'valle de la muerte'.
"Es un ejemplo de la falta de planificación y de sensibilidad de nuestro Gobierno", se lamenta Pierre Clogane, nuestro intérprete y amigo haitiano, que no puede contener el dolor ante la desoladora visión. "Préval vuelve a comer con los ladrones y nos sigue mintiendo. Ha muerto mucha más gente de la que dicen. Y nuestros muertos no merecen este entierro indigno".
Las escenas eran aún más sobrecogedoras a las dos semanas del temblor. Los camiones descargaban los cadáveres por las noches y los muertos se apilaban en montañas, como en los campos de concentración. Hasta que un empresario local, Daniel Rouzier, decidió contratar varios 'bulldozers' para enterrarlos en fosas comunes.
"Aún siguen trayendo muertos todas la semanas", afirma un hombre que dice llamarse Edouard y que se ofrece como guía ocasional en el 'vertedero', o cementerio. "¿Ven ustedes esas fosas ahí? Están esperando el siguiente envío. No tardará en llegar".
Más de dos mil haitianos vienen hasta el 'valle de la muerte' todas las semanas, a rendir homenaje a los 'desaparecidos' y entonar una oración ante las dos cruces que un artista local, Hilaire Polycarpe, ha erigido en lo alto de un desmonte.
Una cruz metálica, decorada con crespones negros, desafía en pie el azote del viento. Otra cruz más grande, pintada con colores vivos, se extiende en una ladera y proclama: "¡Haití vive!".
Una anciana en burro irrumpe en la polvorienta soledad del paraje, rumbo a la montañas peladas que marcan el norte. A lo lejos, las tiendas azules del así llamado 'Campamento Obama', recuerdan la fragilidad de la vida entre tanta muerte.
"El número de fallecidos está entre los 250.000 y los 300.000", asegura a estas alturas Edmond Muler, máximo responsable de la misión de la ONU en Haití (MINUSTAH). "En la historia de la humanidad nunca ha habido un desastre natural de estas dimensiones. Estamos hablando del doble de muertos de los causados por la bomba atómica en Hiroshima".
http://www.elmundo.es/america/2010/04/25/noticias/1272219847.html