Abrimos este espacio en 2007 cuando en Haití se hablaba también español debido a la presencia de los soldados latinos de la MINUSTAH. Una ventanilla de expresión hispánica para verse mejor . Después del 2010, el mundo hispano se ha acercado bastante a Haití. Sirvio para darse cuenta del distanciamiento de sus vecinos de culturas hispanas casi todas. Esta sigue abierta para recibir todos aquellos que quieran entender y ayudar a esta nación patrimonio de la humanidad.
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lunes, 7 de enero de 2013
Rechazo a comentario del titular turcocaiqueño sobre haitianos
El ministro de inmigración de las islas caribeñas de Turcas y Caicos, Don-Hue Gardiner, ha sido censurado este sábado por los comentarios que hizo ayer durante una sesión legislativa en torno a los inmigrantes haitianos.
El titular turcocaiqueño instó el viernes a la asamblea local, la policía y los ciudadanos a perseguir y detener a los inmigrantes indocumentados de Haití que atraviesan las fronteras de estos territorios británicos de ultramar, dependientes del Reino Unido.
El ministro trató más tarde de cambiar sus declaraciones para hacer referencia a cualquier inmigrante indocumentado que entrase en estas islas caribeñas, ubicadas al norte de la isla La Española, donde se encuentran Haití y la República Dominicana.
Esto no le salvó de las críticas de la oposición, pues, la líder opositora Sharlene Cartwright Robinson ha manifestado que tanto ella como los otros miembros del Movimiento Popular Democrático se vieron sorprendidos por el comentario de Gardiner.
Un centenar de inmigrantes haitianos trabaja en este archipiélago británico. Esto es mientras diariamente decenas de ellos pierden la vida en la peligrosa travesía hacia estas islas.
sd/cl/nal
http://hispantv.com/DisplayNews.aspx?id=208296
viernes, 16 de diciembre de 2011
El reto de la protección de los flujos haitianos en América Latina y el Caribe
Wooldy Edson Louidor La protección de los flujos haitianos en la región de América Latina y del Caribe constituye un reto fundamental para el próximo año 2012.
Decenas de miles de migrantes haitianas y haitianos en la región de América Latina y del Caribe terminan este año 2011 en una grave situación de desprotección y de vulnerabilidad.
A continuación hacemos un recorrido de algunos hechos que marcan recientemente la vida de las y los migrantes haitianos en algunos países de la región.
Repentina muerte de Sonia Pierre en República Dominicana
En República Dominicana la comunidad de los haitianos de nacimiento y de origen sigue llorando la muerte de una de los más acérrimos defensores de sus derechos, la militante dominico-haitiana Sonia Pierre. La incontestable líder de la causa haitiana en República Dominicana falleció el pasado 4 de diciembre a la edad de 48 años, a causa de problemas cardíacos.
Inició su activismo a muy temprana edad, desde los trece (13) años cuando fue arrestada por ser la vocera de una protesta de braceros haitianos (cortadores de caña de azúcar) en el pueblo de Altagracia, al sureste de la República Dominicana. Desde entonces, su vida ha sido una constante lucha a favor de los derechos humanos de los haitianos y los dominicanos de ascendencia haitiana en República Dominicana.
Aprovechamos la ocasión para recordar las innumerables persecuciones de las que Sonia Pierre fue víctima en República Dominicana. Por ejemplo, en 2007 las autoridades de la Junta Central Dominicana (JCE) amenazaron con anular su acta de nacimiento y quitarle la nacionalidad dominicana.
“A finales del pasado mes de marzo, la Junta Central Electoral dominicana (JCE) anunció que solicitaría a la Justicia dominicana la anulación del acta de nacimiento de la activista de Derechos Humanos Sonia Pierre, porque, según las autoridades de dicha institución del Estado dominicano, ‘hubo irregularidad en la emisión de este documento, expedido en 1963’ ”[1], habíamos escrito en un artículo publicado en abril de 2007.
Las persecuciones contra Sonia Pierre en República Dominicana siguieron hasta el día de su muerte.
“La repentina muerte de Sonia Pierre ocurre en un momento en que en su contra se había desatado un asedio por su firme defensa de los derechos de quienes como ella eran dominicanos de origen haitiano y por su denuncia a los maltratos de inmigrantes de Haití que realizan labores en República Dominicana”[2], reveló el periódico dominicano Diario Digital.
21 haitianos sin casa en Estación Central en Santiago de Chile
Veintiún (21) haitianos perdieron su casa en Estación Central, una de las zonas con mayor concentración de haitianos en la capital chilena, Santiago de Chile. El hecho ocurrió el pasado 27 de octubre tras un incendio que hizo arder en llamas la casa donde vivían los migrantes.
Este deplorable hecho ayudó a visibilizar la situación de la comunidad haitiana en Santiago de Chile que se enfrenta a una serie de dificultades para regularizar su situación migratoria, obtener fuentes de empleo, tener acceso a los servicios sociales de base y, sobre todo, “han sido segregados y discriminados”[3] a causa de su color, su estatus migratorio y su condición económica, como lo reconocen algunos medios de comunicación chilenos.
Los haitianos se han concentrado en algunas zonas de la capital chilena tales como Quilicura, Estación Central, San Bernardo, Independencia y Recoleta, donde la mayoría de ellos viven hacinados y en condiciones de vida infrahumanas.
Cerca de cien haitianos varados en la frontera peruana
Desde los inicios del pasado mes de abril[4], cerca de cien haitianos se han encontrado varados en la región amazónica peruana, más precisamente en la frontera con Brasil, al no poder ingresar al territorio brasileño. Las autoridades brasileñas les han cerrado la frontera, impidiéndoles el paso, por lo que los haitianos llevan meses en la región peruana de Madre de Dios al borde de una crisis humanitaria.
El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) pidió el pasado 4 de diciembre “una solución humanitaria para cerca de un centenar de haitianos varados en la región amazónica peruana, cerca de la frontera con Brasil”[5].
Más de mil haitianos varados en Tabatinga, en la Amazonía brasileña
Las difíciles condiciones de vida de los haitianos en la comarca brasileña de Tabatinga, ubicada en la Amazonía, empeoran cada vez más, ya que actualmente son más de mil (más del doble que hace cuatro meses[6]) que esperan una decisión de las autoridades brasileñas sobre su situación migratoria. Mientras tanto, están al borde de una crisis humanitaria, ya que no tienen garantizados sus derechos humanos fundamentales tales como el derecho a la alimentación, a la vivienda, a la salud durante su larga espera en esta zona aislada de Brasil.
Luego de pagar una gran suma de dinero a las redes de traficantes (entre 2.500 y 5 mil dólares americanos) y otros gastos para su periplo desde Haití a Tabatinga pasando por varios países de tránsito (República Dominicana, Ecuador, Perú, o incluso Chile y Bolivia), la mayoría de las y los haitianos llegan al territorio brasileño sin un centavo. Sus familiares y amigos en Haití y en Estados Unidos de América ya no pueden enviarles más dinero, ya que hicieron una gran inversión para poder costear sus onerosos viajes.
Difíciles condiciones de vida de los haitianos en Ecuador
Gran parte de los haitianos que llegan a Brasil huyen de las difíciles condiciones de vida, de la estigmatización, de la discriminación y, sobre todo, de la falta de oportunidades para estudiar y trabajar en Ecuador.
Cada vez hay más haitianos en Ecuador que no han podido regularizar su situación migratoria ante la negativa del gobierno de este país de otorgarles una visa humanitaria o el estatuto de refugiados. Sin su regularización migratoria, los haitianos son más vulnerables a los abusos laborales. Muchos de ellos han preferido emigrar a Brasil.
Olas de repatriaciones de los haitianos por países del Caribe
Finalmente, los países del Caribe, tales como la República Dominicana, las Bahamas y las Islas Turcos y Caicos, continúan repatriando y retornando a migrantes haitianos a su país de origen, pese al llamado del ACNUR y de la OACNUDH (Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos) a los gobiernos del mundo entero a “no deportar a los haitianos por razones humanitarias”[7].
La protección de los migrantes haitianos en la región, el gran reto para el 2012
A cerca de dos años del terremoto del 12 de enero de 2010, Haití está lejos de superar la crisis humanitaria que se ha agravado tras el desastre natural. La Comunidad internacional no ha logrado mejorar sustancialmente la situación humanitaria post-sismo: la epidemia de cólera sigue haciendo estragos en el país, medio millón de desplazados siguen viviendo en campamentos, el acceso a servicios de salud continúa siendo un lujo para la mayoría de la población, las mujeres y los niños son las categorías más vulnerables y desprotegidas.
Por su parte, el nuevo gobierno haitiano no ha logrado aún devolverle a la población, principalmente a las y los jóvenes, las razones de esperar en un futuro mejor para Haití. Los conflictos entre el poder ejecutivo y el Parlamento en torno a asuntos más bien personales y partidistas, sin trascendencia para el interés común, han tenido un efecto desmoralizador sobre la población que se ha cansado de tanto esperar.
El sangrado de la migración haitiana, que hemos presenciado a lo largo del año 2011 en la región, principalmente en Sur América, seguirá en el próximo año 2012, ya que la mayoría de los haitianos, principalmente los jóvenes, no gozan de su derecho a vivir de manera digna en su propio país. Además, la floreciente industria de la trata y del tráfico de los haitianos hacia Sur América se fortalece y goza de cierta impunidad.
La protección de los migrantes haitianos, tanto por parte de la representación consular haitiana en los diferentes países de Latinoamérica y del Caribe como de los gobiernos, de la sociedad civil de la región y de los organismos regionales tales como la Unión de las Naciones Suramericanas (UNASUR) y la Organización de los Estados Americanos (OEA), seguirá siendo el reto fundamental para el 2012.
Concluiremos con dos preguntas que hicimos en otro texto, respecto al carácter ético del reto de la protección de los migrantes haitianos en la región:
“¿Qué significa para países que dicen ser solidarios con Haití “negar” la hospitalidad a migrantes haitianos que necesitan asistencia humanitaria y protección internacional en sus propios territorios? ¿Ser hospitalarios con los extranjeros que están en situación de dificultad no debería de ser considerado algo incondicional, es decir, un imperativo que va más allá de todas las consideraciones o condiciones legales, políticas… en torno a la migración y al refugio?”[8]
Wooldy Edson Louidor
Coordinador Regional Incidencia y Comunicación para Haití
Servicio Jesuita a Refugiados para Latinoamérica y el Caribe (SJR LAC)
http://sjrlac.org/noticias/el-reto-de-la-proteccion-de-los-flujos-haitianos-en-america-latina-y-el-caribe
http://www.alainet.org/active/51564&lang=es
Decenas de miles de migrantes haitianas y haitianos en la región de América Latina y del Caribe terminan este año 2011 en una grave situación de desprotección y de vulnerabilidad.
A continuación hacemos un recorrido de algunos hechos que marcan recientemente la vida de las y los migrantes haitianos en algunos países de la región.
Repentina muerte de Sonia Pierre en República Dominicana
En República Dominicana la comunidad de los haitianos de nacimiento y de origen sigue llorando la muerte de una de los más acérrimos defensores de sus derechos, la militante dominico-haitiana Sonia Pierre. La incontestable líder de la causa haitiana en República Dominicana falleció el pasado 4 de diciembre a la edad de 48 años, a causa de problemas cardíacos.
Inició su activismo a muy temprana edad, desde los trece (13) años cuando fue arrestada por ser la vocera de una protesta de braceros haitianos (cortadores de caña de azúcar) en el pueblo de Altagracia, al sureste de la República Dominicana. Desde entonces, su vida ha sido una constante lucha a favor de los derechos humanos de los haitianos y los dominicanos de ascendencia haitiana en República Dominicana.
Aprovechamos la ocasión para recordar las innumerables persecuciones de las que Sonia Pierre fue víctima en República Dominicana. Por ejemplo, en 2007 las autoridades de la Junta Central Dominicana (JCE) amenazaron con anular su acta de nacimiento y quitarle la nacionalidad dominicana.
“A finales del pasado mes de marzo, la Junta Central Electoral dominicana (JCE) anunció que solicitaría a la Justicia dominicana la anulación del acta de nacimiento de la activista de Derechos Humanos Sonia Pierre, porque, según las autoridades de dicha institución del Estado dominicano, ‘hubo irregularidad en la emisión de este documento, expedido en 1963’ ”[1], habíamos escrito en un artículo publicado en abril de 2007.
Las persecuciones contra Sonia Pierre en República Dominicana siguieron hasta el día de su muerte.
“La repentina muerte de Sonia Pierre ocurre en un momento en que en su contra se había desatado un asedio por su firme defensa de los derechos de quienes como ella eran dominicanos de origen haitiano y por su denuncia a los maltratos de inmigrantes de Haití que realizan labores en República Dominicana”[2], reveló el periódico dominicano Diario Digital.
21 haitianos sin casa en Estación Central en Santiago de Chile
Veintiún (21) haitianos perdieron su casa en Estación Central, una de las zonas con mayor concentración de haitianos en la capital chilena, Santiago de Chile. El hecho ocurrió el pasado 27 de octubre tras un incendio que hizo arder en llamas la casa donde vivían los migrantes.
Este deplorable hecho ayudó a visibilizar la situación de la comunidad haitiana en Santiago de Chile que se enfrenta a una serie de dificultades para regularizar su situación migratoria, obtener fuentes de empleo, tener acceso a los servicios sociales de base y, sobre todo, “han sido segregados y discriminados”[3] a causa de su color, su estatus migratorio y su condición económica, como lo reconocen algunos medios de comunicación chilenos.
Los haitianos se han concentrado en algunas zonas de la capital chilena tales como Quilicura, Estación Central, San Bernardo, Independencia y Recoleta, donde la mayoría de ellos viven hacinados y en condiciones de vida infrahumanas.
Cerca de cien haitianos varados en la frontera peruana
Desde los inicios del pasado mes de abril[4], cerca de cien haitianos se han encontrado varados en la región amazónica peruana, más precisamente en la frontera con Brasil, al no poder ingresar al territorio brasileño. Las autoridades brasileñas les han cerrado la frontera, impidiéndoles el paso, por lo que los haitianos llevan meses en la región peruana de Madre de Dios al borde de una crisis humanitaria.
El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) pidió el pasado 4 de diciembre “una solución humanitaria para cerca de un centenar de haitianos varados en la región amazónica peruana, cerca de la frontera con Brasil”[5].
Más de mil haitianos varados en Tabatinga, en la Amazonía brasileña
Las difíciles condiciones de vida de los haitianos en la comarca brasileña de Tabatinga, ubicada en la Amazonía, empeoran cada vez más, ya que actualmente son más de mil (más del doble que hace cuatro meses[6]) que esperan una decisión de las autoridades brasileñas sobre su situación migratoria. Mientras tanto, están al borde de una crisis humanitaria, ya que no tienen garantizados sus derechos humanos fundamentales tales como el derecho a la alimentación, a la vivienda, a la salud durante su larga espera en esta zona aislada de Brasil.
Luego de pagar una gran suma de dinero a las redes de traficantes (entre 2.500 y 5 mil dólares americanos) y otros gastos para su periplo desde Haití a Tabatinga pasando por varios países de tránsito (República Dominicana, Ecuador, Perú, o incluso Chile y Bolivia), la mayoría de las y los haitianos llegan al territorio brasileño sin un centavo. Sus familiares y amigos en Haití y en Estados Unidos de América ya no pueden enviarles más dinero, ya que hicieron una gran inversión para poder costear sus onerosos viajes.
Difíciles condiciones de vida de los haitianos en Ecuador
Gran parte de los haitianos que llegan a Brasil huyen de las difíciles condiciones de vida, de la estigmatización, de la discriminación y, sobre todo, de la falta de oportunidades para estudiar y trabajar en Ecuador.
Cada vez hay más haitianos en Ecuador que no han podido regularizar su situación migratoria ante la negativa del gobierno de este país de otorgarles una visa humanitaria o el estatuto de refugiados. Sin su regularización migratoria, los haitianos son más vulnerables a los abusos laborales. Muchos de ellos han preferido emigrar a Brasil.
Olas de repatriaciones de los haitianos por países del Caribe
Finalmente, los países del Caribe, tales como la República Dominicana, las Bahamas y las Islas Turcos y Caicos, continúan repatriando y retornando a migrantes haitianos a su país de origen, pese al llamado del ACNUR y de la OACNUDH (Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos) a los gobiernos del mundo entero a “no deportar a los haitianos por razones humanitarias”[7].
La protección de los migrantes haitianos en la región, el gran reto para el 2012
A cerca de dos años del terremoto del 12 de enero de 2010, Haití está lejos de superar la crisis humanitaria que se ha agravado tras el desastre natural. La Comunidad internacional no ha logrado mejorar sustancialmente la situación humanitaria post-sismo: la epidemia de cólera sigue haciendo estragos en el país, medio millón de desplazados siguen viviendo en campamentos, el acceso a servicios de salud continúa siendo un lujo para la mayoría de la población, las mujeres y los niños son las categorías más vulnerables y desprotegidas.
Por su parte, el nuevo gobierno haitiano no ha logrado aún devolverle a la población, principalmente a las y los jóvenes, las razones de esperar en un futuro mejor para Haití. Los conflictos entre el poder ejecutivo y el Parlamento en torno a asuntos más bien personales y partidistas, sin trascendencia para el interés común, han tenido un efecto desmoralizador sobre la población que se ha cansado de tanto esperar.
El sangrado de la migración haitiana, que hemos presenciado a lo largo del año 2011 en la región, principalmente en Sur América, seguirá en el próximo año 2012, ya que la mayoría de los haitianos, principalmente los jóvenes, no gozan de su derecho a vivir de manera digna en su propio país. Además, la floreciente industria de la trata y del tráfico de los haitianos hacia Sur América se fortalece y goza de cierta impunidad.
La protección de los migrantes haitianos, tanto por parte de la representación consular haitiana en los diferentes países de Latinoamérica y del Caribe como de los gobiernos, de la sociedad civil de la región y de los organismos regionales tales como la Unión de las Naciones Suramericanas (UNASUR) y la Organización de los Estados Americanos (OEA), seguirá siendo el reto fundamental para el 2012.
Concluiremos con dos preguntas que hicimos en otro texto, respecto al carácter ético del reto de la protección de los migrantes haitianos en la región:
“¿Qué significa para países que dicen ser solidarios con Haití “negar” la hospitalidad a migrantes haitianos que necesitan asistencia humanitaria y protección internacional en sus propios territorios? ¿Ser hospitalarios con los extranjeros que están en situación de dificultad no debería de ser considerado algo incondicional, es decir, un imperativo que va más allá de todas las consideraciones o condiciones legales, políticas… en torno a la migración y al refugio?”[8]
Wooldy Edson Louidor
Coordinador Regional Incidencia y Comunicación para Haití
Servicio Jesuita a Refugiados para Latinoamérica y el Caribe (SJR LAC)
http://sjrlac.org/noticias/el-reto-de-la-proteccion-de-los-flujos-haitianos-en-america-latina-y-el-caribe
http://www.alainet.org/active/51564&lang=es
martes, 16 de agosto de 2011
Haitianos y africanos buscan refugio en Edomex
El Edomex colabora en el programa de asilo humanitario para extranjeros con problemas en sus países de origen Josué Huerta
15 de agosto 2011
En el estado de México habitan 40 familias de extranjeros refugiados, ubicadas, principalmente en cuatro municipios, según informó la Oficina de Asuntos Internacionales del gobierno mexiquense.
Se trata de migrantes de Haití, República del Congo, Colombia y El Salvador principalmente que buscan protección en elpaís, pues en sus naciones de origen huyen de discriminación, violencia, persecución política o religiosa, por mencionar algunas causas.
De acuerdo con la Oficina de Asuntos Internacionales del Edomex los municipios en donde se encuentran la mayoría de los refugiados son Tlalnepantla, Toluca, Metepec, Ecatepec y algunos otros del Valle de México.
La razón por la que los refugiados han solicitado establecerse en la entidad es porque a muchos de ellos les parece apabullante el bullicio de la capital mexicana, motivo que los hace preferir la periferia.
Sin embargo, no es el estado de México el que define si los refugiados pueden entrar al país o no, sino la Comisión Mexicana para los Refugiados en colaboración con el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR).
Los responsables de la Oficina de Asuntos Internacionales ayuda a estas personas a buscar una vivienda y a ponerles a su disposición la bolsa de trabajo tal como se hace con el resto de la población.
En el caso de los niños que integran la familia refugiada se ayuda a conseguir escuela y a orientar a los alumnos de la misma para que no tengan un trato cruel con el menor extranjero por el hecho de “ser diferente”.
La instancia precisa sin embargo que algunos de los extranjeros que se refugian en la entidad, utilizan al país como un lugar transitorio, temporal, pues su objetivo posteriormente es migrar a los Estados Unidos.
La mayoría de los países, incluido México, han firmado la Convención sobre Refugiados de 1951 y el Protocolo de 1967 con lo que se les obliga a las naciones a conceder refugio o también entendido como “asilo humanitario”.
http://www.eluniversaledomex.mx/otros/nota20444.html
15 de agosto 2011
En el estado de México habitan 40 familias de extranjeros refugiados, ubicadas, principalmente en cuatro municipios, según informó la Oficina de Asuntos Internacionales del gobierno mexiquense.
Se trata de migrantes de Haití, República del Congo, Colombia y El Salvador principalmente que buscan protección en elpaís, pues en sus naciones de origen huyen de discriminación, violencia, persecución política o religiosa, por mencionar algunas causas.
De acuerdo con la Oficina de Asuntos Internacionales del Edomex los municipios en donde se encuentran la mayoría de los refugiados son Tlalnepantla, Toluca, Metepec, Ecatepec y algunos otros del Valle de México.
La razón por la que los refugiados han solicitado establecerse en la entidad es porque a muchos de ellos les parece apabullante el bullicio de la capital mexicana, motivo que los hace preferir la periferia.
Sin embargo, no es el estado de México el que define si los refugiados pueden entrar al país o no, sino la Comisión Mexicana para los Refugiados en colaboración con el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR).
Los responsables de la Oficina de Asuntos Internacionales ayuda a estas personas a buscar una vivienda y a ponerles a su disposición la bolsa de trabajo tal como se hace con el resto de la población.
En el caso de los niños que integran la familia refugiada se ayuda a conseguir escuela y a orientar a los alumnos de la misma para que no tengan un trato cruel con el menor extranjero por el hecho de “ser diferente”.
La instancia precisa sin embargo que algunos de los extranjeros que se refugian en la entidad, utilizan al país como un lugar transitorio, temporal, pues su objetivo posteriormente es migrar a los Estados Unidos.
La mayoría de los países, incluido México, han firmado la Convención sobre Refugiados de 1951 y el Protocolo de 1967 con lo que se les obliga a las naciones a conceder refugio o también entendido como “asilo humanitario”.
http://www.eluniversaledomex.mx/otros/nota20444.html
jueves, 11 de agosto de 2011
Los haitianos en Tabatinga: relato de un periplo
Wooldy Edson Louidor En el corazón del Amazonas, el río más largo y ancho del mundo, nadie podría imaginar que iba a encontrar a ciudadanas haitianas y haitianos en esta región tan aislada. No son ni uno ni dos, sino más de 500 haitianos, entre hombres y mujeres, la mayoría jóvenes, que están actualmente varados en Tabatinga, ciudad brasileña ubicada a orillas del río Amazonas en la triple frontera Brasil-Colombia-Perú. El relato de un periplo….
Luego del terremoto que afectó Haití el 12 de enero de 2010, los haitianos empezaron a llegar a Tabatinga en grupos de 8 a 10 personas. Ya en julio de 2010, 140 haitianos habían transitado en esta pequeña ciudad brasileña rumbo a Manaus, capital del estado de Amazonas. En total, el número de haitianos que llegaron a Tabatinga a lo largo del año pasado ascendió a alrededor de 500 haitianos.
De enero hasta el 18 de julio de este año 2011, 925 haitianos fueron entrevistados por la Policía federal de Migración de Tabatinga, mientras que más de 500 haitianos que están actualmente varados allí están en la lista de espera para entrevistas o esperan sus protocolos de refugiados para seguir su viaje al interior de Brasil.
El viaje realizado por los haitianos de Haití a Tabatinga es literalmente un periplo. Varios de ellos transitan de Puerto Príncipe a Santo Domingo en autobús; luego, de la capital dominicana a Quito o Lima en avión y finalmente a Iquitos y Santa Rosa hasta Tabatinga en barco a través del río Amazonas. Utilizan todas las vías, es decir que viajan por tierra, aire y agua, y a veces pasan semanas e incluso un mes antes de llegar a Tabatinga. Solamente el viaje al interior de Perú puede durar de 5 a 6 días, tomando en cuenta el traslado de Lima a Pucallpa en autobús y luego de ahí a Iquitos y a Santa Rosa en barco.
En todos los puntos del largo viaje, de Haití a República Dominicana, Ecuador y Perú, fueron acogidos por traficantes a quienes tuvieron que pagar importantes sumas de dinero por todos los servicios ofrecidos por los delincuentes: transporte, alimentación, alojamiento, el traslado al próximo punto del tránsito y la ayuda brindada.
Los que viajan desde Puerto Príncipe cuentan que tuvieron que pagar, bajo amenazas, entre 200 y 1.000 dólares americanos a algunos funcionarios de una línea aérea y de la Migración haitiana desde el primer chequeo al llegar al aeropuerto de la capital haitiana hasta el último que se realiza antes de subir al avión. A fin de extorsionarlos, los funcionarios haitianos amenazaron con hacerles perder el vuelo, diciéndoles que son falsas la carta de invitación o la reservación del hotel que presentaron, documentos supuestamente exigidos por las autoridades ecuatorianas y peruanas.
El costo total del viaje de Haití a Tabatinga puede variar entre 2.500 y 5.000 mil dólares americanos. Además de invertir todo el dinero que les quedaba luego del devastador terremoto, los traficados y sus familias tuvieron que vender y/o hipotecar todos los bienes y propiedades que tenían para pagar esta gran suma. Los parientes que viven en los Estados Unidos de América contribuyen también de manera generosa a esos viajes, enviando dinero a Haití o a los países donde los traficados se encuentran en tránsito.
“No me gusta ver a mi familia sufrir”
Los impactos del terremoto que les arrebataron todo, incluso a sus seres queridos, los estragos del cólera, las condiciones infrahumanas de vida que enfrentaron en los campamentos de desplazados y el desencanto frente al actuar de los políticos haitianos y de la Comunidad internacional que no lograron devolverles la esperanza en el futuro… son tantas razones que evocan los haitianos para explicar por qué fueron forzados a huir de su país de origen en busca de oportunidades en Brasil.
A la pregunta de por qué viajó desde Haití hasta Brasil, la respuesta de Jean, uno de los haitianos, no se hace esperar: “No me gusta ver a mi familiar sufrir.”
Otro joven haitiano de apenas 20 años responde: “Necesito trabajar para poder estudiar y enviar dinero a mi madre, ya que en mi país no hay oportunidades ni de trabajo ni de estudio y mi familia tiene mucha esperanza en mí.”
“No son considerados refugiados, pero les hacemos una concesión”
Sin embargo, en una región tan aislada del mundo el lenguaje del sufrimiento no se entiende tan fácilmente. Las autoridades policiales y migratorias de Tabatinga aplican la ley de manera implacable: no consideran refugiados a los haitianos porque ellos no huyen de su país a causa de “temores bien fundados de persecución por razones de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a un grupo social determinado o persecuciones políticas”, según la definición de refugiados establecida por la Convención de Ginebra de 1951.
Los haitianos huyen de su país por la miseria y por un conjunto de factores medioambientales tales como el terremoto, los huracanes, intemperies, subraya el encargado de la migración en Tabatinga. No son calificados como refugiados, pero por “razones humanitarias” el Gobierno brasileño les hace una “concesión”, otorgándoles protocolos de refugiados para que puedan seguir su viaje a Manaus, explica por su parte el delegado de la Policía federal de Tabatinga. Este documento, con el que sueñan los haitianos, autoriza la estadía legal de los solicitantes de refugio hasta la emisión de una decisión final del Estado brasileño, luego de la examinación del proceso de elegibilidad bajo la coordinación del Comité Nacional para los Refugiados (CONARE), organismo del Ministerio de Justicia.
Esta “concesión” que hizo el Gobierno federal brasileño a los haitianos, no bajó del cielo simplemente como un regalo. Vale la pena subrayar el papel que jugaron algunas autoridades estatales para ablandar el corazón y la rigidez de las autoridades federales, esgrimiendo argumentos humanitarios y basándose en los instrumentos de derechos humanos firmados por el Estado brasileño a nivel regional e internacional.
Por ejemplo, el Ministerio público del estado brasileño de Acre, ubicado al sur del estado de Amazonas en la triple frontera Brasil-Bolivia-Perú, pidió al Gobierno federal brasileño que reconociera como refugiados a los ciudadanos haitianos, “ya que tras el terremoto no poseen sus derechos fundamentales garantizados, sufriendo con hambre, con desempleo y con condiciones insalubres del medioambiente”.
La posición del entonces Fiscal del estado brasileño de Acre, Ricardo Gralha Massia, fue clara también cuando argumentó que tanto extranjeros como brasileños tienen derecho a que su dignidad y demás derechos fundamentales sean garantizados, ya que Brasil es signatario de varios tratados internacionales que exigen que el país trate de forma adecuada a los extranjeros.
Una concesión que disminuye cada vez más
Sin embargo, esta “concesión” que hizo el gobierno federal brasileño a los haitianos bajo presión de las autoridades locales va disminuyendo poco a poco, porque la Policía federal de Tabatinga entrega un número cada vez menor de protocolos de refugiados a los haitianos, alegando la falta de recursos humanos disponibles para entrevistar a los caribeños, procesar sus solicitudes de refugio y transmitirlas a las autoridades federales de Brasilia.
Mientras tanto, los haitianos se quedan varados en Tabatinga sin poder ni seguir su viaje al interior de Brasil ni regresar a su país, mientras que a la triple frontera Brasil-Colombia-Perú llegan cada día entre 6 a 20 haitianos, que se suman a los que ya están en la lista de espera de sus protocolos de refugiados. Además, varios haitianos que lograron conseguir el preciado documento, no pueden seguir su trayecto porque no tienen el dinero para pagar el costo del viaje por barco hasta Manaus.
Los haitianos llegan engañados a Tabatinga
Los recién llegados a Tabatinga se dan rápidamente cuenta del engaño de que fueron víctimas, ya que no encuentran nada de todo lo que los traficantes les habían prometido tales como facilidades para encontrar empleos, para regularizar su situación migratoria…
Tabatinga es una ciudad pequeña que cuenta con un poco más de 50 mil habitantes y que se ubica en una de las zonas más pobres, marginadas y menos desarrolladas de Brasil. Mientras esperan sus protocolos de refugiados durante dos o tres meses, los haitianos tienen que buscar oportunidades de trabajo, en un contexto donde la mayoría de los mismos habitantes de Tabatinga no tienen acceso al empleo, para poder pagar su alimentación, el alojamiento y su próximo viaje en barco de 3 días de Tabatinga a Manaus.
Con la barrera del idioma y de la diferencia cultural y étnica, son muy pocas las oportunidades laborales que lograron conseguir tales como venta de periódicos en las calles, carga y descarga de camiones, trabajo en construcción de casas particulares, edificios y obras públicas. De hecho, son trabajos puntuales a los que tienen acceso muy pocos; por lo que se turnan cada día para que todos puedan trabajar y, así, ganar un poco de dinero que varía entre 3 y 12 dólares americanos diarios.
Al borde de una crisis humanitaria
En el contexto difícil de Tabatinga, los haitianos han tenido que aprender a convivir entre ellos y a compartir lo poco que tienen. Entre todos, preparan su comida (cuando les alcanza el dinero) y hasta cinco (5) pueden dormir en un pequeño cuarto cuyo arriendo contribuyen también entre todos a pagar.
Una feligresa de la Diócesis prestó al padre colombiano Gonzalo Ignacio Franco, encargado de la Pastoral del Migrante de la Diócesis de Tabatinga, una casa de apenas 5 cuartos y un solo baño para que pudiera alojar a algunos haitianos por tres meses. Ya pasó más de un año y alrededor de 75 haitianos están viviendo actualmente en la casa que se ve deteriorada adentro y afuera. Las condiciones de higiene en esta casa dan mucho que desear.
“Vivimos de la caridad de los habitantes de Tabatinga porque aquí no hay trabajo y nuestras familias ya no pueden enviarnos dinero, al contrario esperan dinero de nosotros”, dice uno de los haitianos.
El padre Gonzalo recolecta comida y otras ayudas de las diferentes parroquias de la Diócesis para entregar a los haitianos. A veces, el presbítero organiza rifas, partidos de fútbol y otras actividades creativas para recoger fondos humanitarios a fin de ayudar a los haitianos, ante la falta de apoyo por parte de las autoridades brasileñas y las organizaciones internacionales a favor de más de 500 haitianos que enfrentan una crisis humanitaria en Tabatinga, entre ellos 8 mujeres embarazadas.
Sin embargo, la solidaridad entre los haitianos, la caridad de los habitantes de Tabatinga y la creatividad del padre Gonzalo no les bastan del todo ante la gravedad de su situación humanitaria.
“A veces paso de dos a tres días sin comer”, afirma una joven haitiana que dice que no puede aguantar más esta situación.
“La propietaria del cuarto donde vivo junto con otros 5 compatriotas ya nos pidió su propiedad y amenaza con sacarnos de ahí si no le pagamos mañana el arriendo”, expresa otro haitiano.
La esperanza muere al último
Todos los días muy temprano en la mañana, decenas de haitianos se congregan frente a la Parroquia del Espíritu Santo de Tabatinga, donde vive el padre Gonzalo, para desayunar una taza de café y un pedazo de pan, preguntando si hay comida disponible en la despensa de la parroquia para su almuerzo o si la Policía federal de Tabatinga les va a entrevistar o dar sus protocolos de refugiados.
Todos los días por la noche llegan de 6 a 20 haitianos (a veces familias enteras con niños o mujeres embarazadas) a la misma Parroquia con sus maletas, rogando al padre Gonzalo que pidan para ellos una cita en la Policía federal de Tabatinga para que puedan ser entrevistados por las autoridades y recibir de ellas el documento tan preciado.
Del amanecer al crepúsculo, los haitianos deambulan en las calles polvorientas y calientes de Tabatinga, viendo cómo una simple escala en Tabatinga se está convirtiendo en un infierno. Para la mayoría de los haitianos, las noches no son ni para dormir ni para soñar, sino para llorar juntos, compartir sus sufrimientos, consolarse unos a otros bromeando, jugando dominó, escuchando música Kompa y tratando de renovar su esperanza, ya que creen que para un haitiano la esperanza es lo último que muere.
Wooldy Edson Louidor
Servicio Jesuita a Refugiados Latinoamérica y Caribe (SJR LAC)
http://www.alainet.org/active/48624&lang=es
Luego del terremoto que afectó Haití el 12 de enero de 2010, los haitianos empezaron a llegar a Tabatinga en grupos de 8 a 10 personas. Ya en julio de 2010, 140 haitianos habían transitado en esta pequeña ciudad brasileña rumbo a Manaus, capital del estado de Amazonas. En total, el número de haitianos que llegaron a Tabatinga a lo largo del año pasado ascendió a alrededor de 500 haitianos.
De enero hasta el 18 de julio de este año 2011, 925 haitianos fueron entrevistados por la Policía federal de Migración de Tabatinga, mientras que más de 500 haitianos que están actualmente varados allí están en la lista de espera para entrevistas o esperan sus protocolos de refugiados para seguir su viaje al interior de Brasil.
El viaje realizado por los haitianos de Haití a Tabatinga es literalmente un periplo. Varios de ellos transitan de Puerto Príncipe a Santo Domingo en autobús; luego, de la capital dominicana a Quito o Lima en avión y finalmente a Iquitos y Santa Rosa hasta Tabatinga en barco a través del río Amazonas. Utilizan todas las vías, es decir que viajan por tierra, aire y agua, y a veces pasan semanas e incluso un mes antes de llegar a Tabatinga. Solamente el viaje al interior de Perú puede durar de 5 a 6 días, tomando en cuenta el traslado de Lima a Pucallpa en autobús y luego de ahí a Iquitos y a Santa Rosa en barco.
En todos los puntos del largo viaje, de Haití a República Dominicana, Ecuador y Perú, fueron acogidos por traficantes a quienes tuvieron que pagar importantes sumas de dinero por todos los servicios ofrecidos por los delincuentes: transporte, alimentación, alojamiento, el traslado al próximo punto del tránsito y la ayuda brindada.
Los que viajan desde Puerto Príncipe cuentan que tuvieron que pagar, bajo amenazas, entre 200 y 1.000 dólares americanos a algunos funcionarios de una línea aérea y de la Migración haitiana desde el primer chequeo al llegar al aeropuerto de la capital haitiana hasta el último que se realiza antes de subir al avión. A fin de extorsionarlos, los funcionarios haitianos amenazaron con hacerles perder el vuelo, diciéndoles que son falsas la carta de invitación o la reservación del hotel que presentaron, documentos supuestamente exigidos por las autoridades ecuatorianas y peruanas.
El costo total del viaje de Haití a Tabatinga puede variar entre 2.500 y 5.000 mil dólares americanos. Además de invertir todo el dinero que les quedaba luego del devastador terremoto, los traficados y sus familias tuvieron que vender y/o hipotecar todos los bienes y propiedades que tenían para pagar esta gran suma. Los parientes que viven en los Estados Unidos de América contribuyen también de manera generosa a esos viajes, enviando dinero a Haití o a los países donde los traficados se encuentran en tránsito.
“No me gusta ver a mi familia sufrir”
Los impactos del terremoto que les arrebataron todo, incluso a sus seres queridos, los estragos del cólera, las condiciones infrahumanas de vida que enfrentaron en los campamentos de desplazados y el desencanto frente al actuar de los políticos haitianos y de la Comunidad internacional que no lograron devolverles la esperanza en el futuro… son tantas razones que evocan los haitianos para explicar por qué fueron forzados a huir de su país de origen en busca de oportunidades en Brasil.
A la pregunta de por qué viajó desde Haití hasta Brasil, la respuesta de Jean, uno de los haitianos, no se hace esperar: “No me gusta ver a mi familiar sufrir.”
Otro joven haitiano de apenas 20 años responde: “Necesito trabajar para poder estudiar y enviar dinero a mi madre, ya que en mi país no hay oportunidades ni de trabajo ni de estudio y mi familia tiene mucha esperanza en mí.”
“No son considerados refugiados, pero les hacemos una concesión”
Sin embargo, en una región tan aislada del mundo el lenguaje del sufrimiento no se entiende tan fácilmente. Las autoridades policiales y migratorias de Tabatinga aplican la ley de manera implacable: no consideran refugiados a los haitianos porque ellos no huyen de su país a causa de “temores bien fundados de persecución por razones de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a un grupo social determinado o persecuciones políticas”, según la definición de refugiados establecida por la Convención de Ginebra de 1951.
Los haitianos huyen de su país por la miseria y por un conjunto de factores medioambientales tales como el terremoto, los huracanes, intemperies, subraya el encargado de la migración en Tabatinga. No son calificados como refugiados, pero por “razones humanitarias” el Gobierno brasileño les hace una “concesión”, otorgándoles protocolos de refugiados para que puedan seguir su viaje a Manaus, explica por su parte el delegado de la Policía federal de Tabatinga. Este documento, con el que sueñan los haitianos, autoriza la estadía legal de los solicitantes de refugio hasta la emisión de una decisión final del Estado brasileño, luego de la examinación del proceso de elegibilidad bajo la coordinación del Comité Nacional para los Refugiados (CONARE), organismo del Ministerio de Justicia.
Esta “concesión” que hizo el Gobierno federal brasileño a los haitianos, no bajó del cielo simplemente como un regalo. Vale la pena subrayar el papel que jugaron algunas autoridades estatales para ablandar el corazón y la rigidez de las autoridades federales, esgrimiendo argumentos humanitarios y basándose en los instrumentos de derechos humanos firmados por el Estado brasileño a nivel regional e internacional.
Por ejemplo, el Ministerio público del estado brasileño de Acre, ubicado al sur del estado de Amazonas en la triple frontera Brasil-Bolivia-Perú, pidió al Gobierno federal brasileño que reconociera como refugiados a los ciudadanos haitianos, “ya que tras el terremoto no poseen sus derechos fundamentales garantizados, sufriendo con hambre, con desempleo y con condiciones insalubres del medioambiente”.
La posición del entonces Fiscal del estado brasileño de Acre, Ricardo Gralha Massia, fue clara también cuando argumentó que tanto extranjeros como brasileños tienen derecho a que su dignidad y demás derechos fundamentales sean garantizados, ya que Brasil es signatario de varios tratados internacionales que exigen que el país trate de forma adecuada a los extranjeros.
Una concesión que disminuye cada vez más
Sin embargo, esta “concesión” que hizo el gobierno federal brasileño a los haitianos bajo presión de las autoridades locales va disminuyendo poco a poco, porque la Policía federal de Tabatinga entrega un número cada vez menor de protocolos de refugiados a los haitianos, alegando la falta de recursos humanos disponibles para entrevistar a los caribeños, procesar sus solicitudes de refugio y transmitirlas a las autoridades federales de Brasilia.
Mientras tanto, los haitianos se quedan varados en Tabatinga sin poder ni seguir su viaje al interior de Brasil ni regresar a su país, mientras que a la triple frontera Brasil-Colombia-Perú llegan cada día entre 6 a 20 haitianos, que se suman a los que ya están en la lista de espera de sus protocolos de refugiados. Además, varios haitianos que lograron conseguir el preciado documento, no pueden seguir su trayecto porque no tienen el dinero para pagar el costo del viaje por barco hasta Manaus.
Los haitianos llegan engañados a Tabatinga
Los recién llegados a Tabatinga se dan rápidamente cuenta del engaño de que fueron víctimas, ya que no encuentran nada de todo lo que los traficantes les habían prometido tales como facilidades para encontrar empleos, para regularizar su situación migratoria…
Tabatinga es una ciudad pequeña que cuenta con un poco más de 50 mil habitantes y que se ubica en una de las zonas más pobres, marginadas y menos desarrolladas de Brasil. Mientras esperan sus protocolos de refugiados durante dos o tres meses, los haitianos tienen que buscar oportunidades de trabajo, en un contexto donde la mayoría de los mismos habitantes de Tabatinga no tienen acceso al empleo, para poder pagar su alimentación, el alojamiento y su próximo viaje en barco de 3 días de Tabatinga a Manaus.
Con la barrera del idioma y de la diferencia cultural y étnica, son muy pocas las oportunidades laborales que lograron conseguir tales como venta de periódicos en las calles, carga y descarga de camiones, trabajo en construcción de casas particulares, edificios y obras públicas. De hecho, son trabajos puntuales a los que tienen acceso muy pocos; por lo que se turnan cada día para que todos puedan trabajar y, así, ganar un poco de dinero que varía entre 3 y 12 dólares americanos diarios.
Al borde de una crisis humanitaria
En el contexto difícil de Tabatinga, los haitianos han tenido que aprender a convivir entre ellos y a compartir lo poco que tienen. Entre todos, preparan su comida (cuando les alcanza el dinero) y hasta cinco (5) pueden dormir en un pequeño cuarto cuyo arriendo contribuyen también entre todos a pagar.
Una feligresa de la Diócesis prestó al padre colombiano Gonzalo Ignacio Franco, encargado de la Pastoral del Migrante de la Diócesis de Tabatinga, una casa de apenas 5 cuartos y un solo baño para que pudiera alojar a algunos haitianos por tres meses. Ya pasó más de un año y alrededor de 75 haitianos están viviendo actualmente en la casa que se ve deteriorada adentro y afuera. Las condiciones de higiene en esta casa dan mucho que desear.
“Vivimos de la caridad de los habitantes de Tabatinga porque aquí no hay trabajo y nuestras familias ya no pueden enviarnos dinero, al contrario esperan dinero de nosotros”, dice uno de los haitianos.
El padre Gonzalo recolecta comida y otras ayudas de las diferentes parroquias de la Diócesis para entregar a los haitianos. A veces, el presbítero organiza rifas, partidos de fútbol y otras actividades creativas para recoger fondos humanitarios a fin de ayudar a los haitianos, ante la falta de apoyo por parte de las autoridades brasileñas y las organizaciones internacionales a favor de más de 500 haitianos que enfrentan una crisis humanitaria en Tabatinga, entre ellos 8 mujeres embarazadas.
Sin embargo, la solidaridad entre los haitianos, la caridad de los habitantes de Tabatinga y la creatividad del padre Gonzalo no les bastan del todo ante la gravedad de su situación humanitaria.
“A veces paso de dos a tres días sin comer”, afirma una joven haitiana que dice que no puede aguantar más esta situación.
“La propietaria del cuarto donde vivo junto con otros 5 compatriotas ya nos pidió su propiedad y amenaza con sacarnos de ahí si no le pagamos mañana el arriendo”, expresa otro haitiano.
La esperanza muere al último
Todos los días muy temprano en la mañana, decenas de haitianos se congregan frente a la Parroquia del Espíritu Santo de Tabatinga, donde vive el padre Gonzalo, para desayunar una taza de café y un pedazo de pan, preguntando si hay comida disponible en la despensa de la parroquia para su almuerzo o si la Policía federal de Tabatinga les va a entrevistar o dar sus protocolos de refugiados.
Todos los días por la noche llegan de 6 a 20 haitianos (a veces familias enteras con niños o mujeres embarazadas) a la misma Parroquia con sus maletas, rogando al padre Gonzalo que pidan para ellos una cita en la Policía federal de Tabatinga para que puedan ser entrevistados por las autoridades y recibir de ellas el documento tan preciado.
Del amanecer al crepúsculo, los haitianos deambulan en las calles polvorientas y calientes de Tabatinga, viendo cómo una simple escala en Tabatinga se está convirtiendo en un infierno. Para la mayoría de los haitianos, las noches no son ni para dormir ni para soñar, sino para llorar juntos, compartir sus sufrimientos, consolarse unos a otros bromeando, jugando dominó, escuchando música Kompa y tratando de renovar su esperanza, ya que creen que para un haitiano la esperanza es lo último que muere.
Wooldy Edson Louidor
Servicio Jesuita a Refugiados Latinoamérica y Caribe (SJR LAC)
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