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domingo, 21 de noviembre de 2010

Haití, un desafío a la desolación

Domingo, 21 de noviembre de 2010
Por Sinay Céspedes Moreno (Prensa Latina *)
La Habana, (PL) Haití parece estar poseído por un espíritu maligno que le impide salir de sus penurias.
Un devastador terremoto, una epidemia de cólera y un huracán han marcado desde inicios de este año la vida de ese país caribeño, a las puertas de unas elecciones generales.
Esas emergencias sísmica, climatológica y sanitaria se sumaron al hambre, pobreza crónica, alto índice de criminalidad, analfabetismo, desempleo y severa contracción económica acumuladas que desde hace décadas convirtieron a esta nación en la más desfavorecida del Hemisferio Occidental.
La falta de asistencia, sin condicionamientos, por parte de los países más ricos, también impide la recuperación de ese territorio, cuya crisis se agudizó desde el año 2004, tras un golpe de estado contra el presidente Jean-Bertrand Aristide, quien responsabilizó a Estados Unidos del hecho.
Pero frente a tanta desolación, existe un pueblo que ha aceptado el desafío y lucha por imponerse desde sus propias cenizas. Primero el terremoto
A principios de este año, exactamente el 12 de enero, un terremoto estremeció el país desde sus cimientos. La mayor parte de la infraestructura quedó destruida. Se perdieron más de 220 mil vidas y un millón 300 mil personas viven desde entonces en campamentos improvisados con precarias condiciones sanitarias, en áreas públicas capitalinas.
Miles de empleos se perdieron por el fenómeno y, aunque la ayuda internacional ha sido constante, ha resultado insuficiente porque algunos gobiernos no han cumplido con sus promesas de cooperación.
Según estudios, un 48 por ciento de los llamados desplazados, que residen bajo carpas en Puerto Príncipe, son menores de 18 años.

El cólera avanza
La insalubridad presente en muchas comunidades haitianas, la presencia de escombros dejados por el terremoto y el bajo nivel educacional sobre todo en zonas rurales, facilitaron la reaparición de cólera que llevaba un siglo ausente del país.
Las teorías sobre su causa son varias, pero ninguna se ha confirmado.
Lo cierto es que fue detectado en la región norteña de Artibonite el 20 de octubre de este año y su avance, casi incontenible, alcanzó la capital.
En un inicio los reportes oficiales revelaban alrededor de 10 muertes diarias por el brote en una región bien determinada, el Norte.
Pero a principios de noviembre los decesos superaban la veintena cada 24 horas y sólo el 10 de noviembre se reportaron 81 fallecimientos.
Mientras tanto, en Puerto Príncipe, donde se trabaja sin descanso por evitar la propagación entre los desplazados, también comenzaron a perderse vidas.
Personal médico nacional e internacional, principalmente cubano y venezolano, lucha por salvar a los enfermos de un mal, que detectado a tiempo puede rebasarse con sales de rehidratación oral y antibióticos.
No obstante, a la altura del 17 de noviembre, la cifra total de muertes era de mil 110 y los pronósticos a mediano plazo refieren otros miles de decesos.
Huracán Tomas
Como si fuera poco, la emergencia sanitaria se agudizó tras el paso del huracán Tomas, un meteoro categoría uno en la escala Saffir Simpson, de cinco, que azotó la nación con fuertes lluvias y vientos.
El fenómeno atmosférico provocó 21 fallecimientos, caída de árboles y destrucción de viviendas, pero sobre todo severas inundaciones y la crecida del contaminado Río Artibonite, donde se detectó el foco de cólera.

¿Elecciones generales?
En medio de la crisis sanitaria y climatológica, el país se prepara para celebrar elecciones generales el 28 de noviembre.
Esos comicios estaban previstos inicialmente para febrero último pero fueron pospuestos porque entonces aún se cuantificaban cadáveres y los escombros del terremoto obstruñian vías principales del país.
La situación actual ha puesto las justas en un segundo plano, al punto que muchos consideran necesario valorar si cabría programar una nueva fecha para la votación.
A pocos días de las justas, no se habla de los programas de los 19 candidatos y el desánimo ronda las ciudades, donde más que fondos para campañas electorales se necesitan recursos urgentes para mitigar las carencias y frenar la epidemia.
Un sector importante de la población estima que el gobierno debe priorizar la reconstrucción nacional y el tema sanitario.
De celebrarse los sufragios podrían contar con un alto nivel de abstencionismo porque los haitianos están concentrados en otros asuntos de mayor importancia, como la sobrevivencia misma.

La refundación de Haití
Reconstruir Haití tomará al menos dos décadas y una cantidad inestimable de fondos, según estudios gubernamentales.
Una vez más, es la Comunidad Internacional, y sobre todo el llamado primer mundo, el que tiene en sus manos la posibilidad de aliviar el dolor a tantas familias.
Sin embargo, resulta que las antiguas potencias coloniales y los nuevos amos imperiales hacen llegar con cuentagotas la ayuda al país que gestó la primera revolución triunfante en el continente americano.
Por solo citar un ejemplo, en la conferencia de donantes para Haití realizada el 31 de marzo de este año en la sede de la Organización Naciones Unidas (ONU), Estados Unidos prometió una ayuda de mil 150 millones de dólares, que hasta hace solo unos días se mantenía en palabras.
A siete meses de su compromiso público, el país norteño decidió conceder a los haitianos 120 millones de dólares, la primera parte del fondo previsto entonces para colaborar con la reconstrucción de los destrozos provocados por el terremoto en enero.
La suma representa solo una décima parte de lo prometido y se destinará a apoyar el retiro de escombros, así como a planes en vivienda, créditos y educación, según el Departamento de Estado.
Del total de 10 mil millones aprobados por consenso en la reunión de marzo, solo se han desembolsado unos 732 millones, según datos recientes de ONU.
En cambio, son los países latinoamericanos y caribeños quienes se han hecho más presentes en la asistencia al primer estado independiente de la región (enero de 1804), que aunque debilitado por tantos golpes, muestra hoy una voluntad férrea por sobrevivir.
En ese apoyo se destacan Cuba y Venezuela, así como la Comunidad del Caribe (CARICOM), con el envío de personal médico y de enfermería, así como voluntarios para apoyar en las labores reconstructivas.
Refundar Haití es tarea de todos. Constituye un deber y una deuda del mundo con los más de nueve millones de habitantes de esa nación, cuya recuperación podría ser disfrutada por los niños de hoy si cooperamos con voluntad.
(*) La autora es periodista de la Redacción Centroamérica y Caribe de Prensa Latina.
rr/sc
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