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domingo, 31 de enero de 2010

SOCIEDAD:entre la impotencia Andrea Lunay el deseo de luchar

Andrea Luna - 1/29/2010
JÓVENES AFECTADOS POR EL SISMO QUE AZOTÓ HAITÍ HABLAN SOBRE SU EXPERIENCIA
Santo Domingo.- Nunca se estremece. Un dolor indeleble, punzante en su corazón, le parte el alma. Ella, sumida en una tristeza conmovedora, delata una mirada desoladora, mientras la angustia arropa sus sentidos confundidos y la desesperanza nubla el porvenir. Es aquella juventud haitiana envuelta en el llanto y la búsqueda constante de una luz que ilumine el oscuro y tenebroso destino que le acecha luego del terremoto del pasado 12 de enero.
Se llama Lenda Oscar, tiene 18 años y ahora “vive” en el hospital Darío Contreras, donde se debate entre la impotencia y la esperanza.
Es la única sobreviviente de su núcleo familiar. Ella presenta traumas graves en ambas piernas y la cadera destrozada, lo cual le impide de por vida el privilegio de caminar. No habla español, pero un traductor se encarga de trasmitirme sus palabras. Según cuenta, ve transcurrir los días sin un motivo de sanar. “No tengo mamá ni papá, mis tres hermanitos también murieron, a mí me cayó una pared en la espalda, no podré caminar nunca y estoy sola”, agrega con desesperanza.
Lenda no es la única joven haitiana cuyo porvenir se ha venido abajo con el terremoto del pasado 12 de enero. El hospital Darío Contreras se encuentra abarrotado. La búsqueda de un pasillo que acoja a adolescentes afectados representó un gran desafío.
Atravesar un tramo de unos 40 metros en donde lo más pequeño era ver una víctima con una pierna o brazo roto, no es tarea tentadora, pero el periodista debe recorrerlo sin reparos para completar su historia. Las comunes amputaciones entristecen cada paso recorrido y mientras más se avanza un nuevo impacto superaba el anterior.
Estremecimiento 
Una parada en el tramo que alberga esa juventud en etapa de formación, llena de sueños, estremece. Setelen, de 22 años, es otra joven marcada por la destrucción de Puerto Príncipe. Al momento del sismo salía de la Universidad Estatal de Haití, y solo tuvo tiempo para volver la vista atrás y contemplar como esa casa de estudios se venía abajo. “Vi destruir el deseo de crecimiento profesional, estos fueron aplastados por los escombros dejados por la catástrofe”. Sus palabras, acompañadas por el llanto, portaban una mezcla de dolor y nostalgia.

La historia de Lucianec, una jovencita de 16 años, no se queda atrás. Interna por trauma craneal, ante la pregunta dejó traslucir en su rostro muchas emociones. No podía hablar. Sus labios blanquecinos lucían desasosiego; su motivación de pararse y continuar sus estudios era mayor que la realidad que se lo impedía. Pero su mirada lo decía todo. Más que trasmitir las sensaciones del desastre, por aquellos ojos se trasmitía la realidad que embarga a una juventud llena de sueños y deseos de un porvenir prospero, en medio de las tinieblas que le arraiga y en contra de las cuales hacen frente con valentía y arrojo.
Doblemente debe ser premiado el permanecer con esa actitud, aun ingiriendo ese recordado y triste trago amargo.
Al servicio 
Sor Bernardina Vázquez, quien dirige la Asociación de Voluntarios Doctor Darío Contreras, afirmó que tiene más de 25 años al frente de la institución sin fines de lucro.

Cuentan con un equipo de 150 voluntarias, de las cuales 95 prestan servicio en el Darío Contreras. Ante el pedido de una opinión sobre el papel que juega su institución en este momento, la religiosa dice: “Estamos al servicio siempre, nuestra misión es ayudar y no permitir que se sepulte el esmero de ser jóvenes capaces de hacer cosas valiosas.
Vamos a ayudar a esos jóvenes a vencer sus traumas para que se reincorporen y sean útiles a la reconstrucción del país. Queremos que sean seres humanos útiles y que superen todos los traumas vividos”.
Especialistas de salud mental recomiendan una intervención sicológica lo antes posible para tratar los trastornos que puedan manifestarse a causa de lo ocurrido.
Los más jóvenes son tal vez los que requieran la ayuda sicológica lo antes posible. Enfrentarse a su nueva vida les costará un nivel de razonamiento más amplio que a un adulto, y de mayor tiempo, ya que se le suma en la mayoría de los casos la falta de algún ser querido o en su defecto todos los miembros de su familia. 
UNA JUVENTUD DECIDIDA A LUCHAR
La juventud haitiana desde antaño, aun con precariedades, se ha motivado por crecer, por pertenecer a ese grupo de jóvenes que transforman su destino, con el esfuerzo y la entereza de construir la plataforma de un futuro próspero.

Las diferentes universidades del país son protagonistas del deseo de cambio, una juventud decidida y con anhelo de que cada día surjan nuevos programas educativos.
 “Costear los gastos de mis estudios es muy difícil, también la barrera del idioma nos limita, yo trabajo mañana y tarde, estudio de noche, en ocasiones he tenido que irme sin comer a las aulas, pero esas vicisitudes son mínimas ante el deseo que tengo de superarme”, expresó Soniec Mendic, de 20 años, estudiante de quinto cuatrimestre de Mercadotecnia.
Brindar oportunidades y la creación de nuevas vías de crecimiento es de prioridad para que esa juventud haitiana no tenga que escoger sin opción el camino que han tratado de desechar.