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miércoles, 3 de marzo de 2010

'Black power' en Francia

2 de marzo.- El diario 'Le Monde' publicaba el lunes un interesante artículo sobre la proliferación de jugadores negros en el once francés. No hay apenas señorías de piel oscura en el parlamento ni en los altos cargos, pero representan la inmensa mayoría del combinado blue. Superando incluso el lema que hizo campeona a la selección gala en 1998: Black, Beur, Blanc.

Era la forma en que se resumían las procedencias negra, magrebí y blanca de la campeonísima. No sólo en términos de pluralidad étnica. También para demostrar un modelo de integración que Chirac convirtió en instrumento pedagógico y en ejemplo efímero de conciliación. Doce años después de la victoria se ha malogrado la pretensión y la ilusión de convertir el equipo nacional en vehículo de concordia. La prueba está en que los franceses de la periferia, hijos de la inmigración magrebí y subsahariana, abuchean la Marsellesa cada vez que el himno revolucionario se escucha por la megafonía del estadio de Saint-Denis.

Es allí donde España juega el miércoles y donde va a encontrarse un equipo prácticamente negro. Le molesta a Le Pen semejante "estética" como antaño le indignó al barón socialista George Frêche. Se avergonzaba de la ausencia de "genuinos franceses blancos". Lamentaba que la selección hubiera dejado de convertirse en el reflejo de la sociedad hexagonal.

Es una manera bastante estúpida de afrontar la cuestión. Entre otras razones porque Raymond Domenech, el mister, no está obligado a realizar un casting de fines sociales. Está obligado a convocar a los mejores en función de las cualidades balompédicas y de su rendimiento. Predominan los negros porque son mejores, aunque semejante superioridad inquieta los trabajos de la fundación contra el racismo de Lilian Thuram. Al ex capitán blue le preocupa que pueda relacionarse superficialmente la raza y el poder físico. No en sí mismas, sino a costa de relativizar la inteligencia y las aptitudes intelectuales de los negros.

Es un prejuicio racista muy arraigado, tal como demuestran las encuestas. El 22% de los franceses destacan la condición física como cualidad fundamental de la raza negra, mientras que únicamente el 3% antepone la inteligencia. Quiere decirse que el color de la selección podría consolidar explícita o implícitamente la peligrosa conclusión de los sondeos. No hay un diputado negro en el hemiciclo, pero nueve de once son titulares en la selección. ¿Conclusión? El hombre blanco piensa, el negro, corre.

Para combatir semejantes discriminaciones, Francia ha demostrado un pionero talante de apertura y sensibilidad. El primer jugador de fútbol negro que se puso la camiseta azul fue Raoul Diagne en 1931, mientras que el primer inglés, Viv Anderson, no lo hizo hasta 1978.

Puede hablarse, por tanto, de una tradición que luego se ha armado de razones balompédicas. Sirva como ejemplo el 'black power' de Trésor, Tigana, Couriol y Janvion, cuya pujanza en los años ochenta escandalizó a la URSS en Moscú y demostró que la selección blue era una burbuja de tolerancia. Tanto valían los inmigrantes italianos (Platini), como contaban los españoles (Fernández, Amorós), o como luego harían los magrebíes (Zidane).

Francia tiene una secretaria de Estado para el deporte negra, Rama Yade. Antes era la viceministra de Exteriores, pero Sarkozy la ha rebajado de categoría a cuenta de su protagonismo o de su popularidad o de su independencia verbal. "Cuando veo la selección francesa, sólo veo franceses. Sería peligroso diferenciarlos por el color de la piel. Lo que ocurre es que el deporte, a diferencia de otros dominios, es más abierto, menos discriminatorio, en el criterio de escoger a los mejores. Si luego resultan que los mejores son negros, ¿qué quieren que haga?", se pregunta Rama Yade.

Es una manera bastante sensata de abordar la cuestión. El fútbol se ha convertido en un ascensor social para las clases desfavorecidas. Muchos jóvenes encuentran en el balón una motivación extraordinaria, de tal modo que los porcentajes de jugadores negros en el equipo absoluto no sería sino el reflejo de cuanto ocurre en cualquier escuadra de la periferia parisina.

http://www.elmundo.es/elmundodeporte/2010/03/02/blogoal/1267525361.html