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miércoles, 3 de marzo de 2010

ROBO DE LA AYUDA HUMANITARIA= CRIMEN CONTRA LA HUMANIDAD

Es frecuente oír hablar de escándalos después de acciones humanitarias de envergadura como respuestas a catástrofes naturales de envergadura. Uno se estremece a veces frente a las cifras  anunciadas en las campañas de recaudación de fondos para causas justas. Cuando estos fondos se dedican a países donde los políticos o directores de organizaciones no gubernamentales  no se paran de una fama pulcra en lo que se refiere a manejo de estos fondos, uno tiene tendencia a creer que una buena parte de los fondos se irán por caminos torcidos.
Desde tiempos inmemorables, Haití se hizo célebre en materia de corrupción. Varios de nuestros dirigentes se han ido del poder llevándose -según lo que se dice y lo que nunca ha sido desmentido- sumas millonarias. Los últimos implicados o sospechosos son Los Duvalier y el propio expadre Jean Bertrand Aristide con sumas inimaginables en un país reconocido como uno de los más pobres del mundo y el más pobre del hemisferio americano.
Es casi legítimo expresar ciertas dudas sobre el manejo de los fondos destinados tanto a la reconstrucción del país como a la ayuda humanitaria de emergencia.
Cuando uno observa las situaciones económicas individuales, fuerza es de constatar que frente a catástrofes de la naturaleza y la envergadura de los terremotos de Chile y de Haiti, las personas que contribuyen no sacan de sus excedentes de recursos sino ellas comparten lo poco que poseen. Es una muestra de generosidad que se debe tomar en consideración.
Un ejemplo de ello es la gran ayuda que viene brindando a Haití y los haitianos una nación como la Republica Dominicana. Pues este país comparado a Haití hace muestra de un nivel económico y social casi envidiable; sin embargo si se observa la situación en profundidad se llega a la conclusión que los dominicanos tienen campos de sobra donde invertir sus recursos para la mejoría de la calidad de vida de sus conciudadanos.
Por otro lado uno puede esperar que las demandas de ayudas corran el riesgo de multiplicarse en un ritmo mucho superior a la producción de riquezas. Eso significa que habrá un desequilibrio, en un momento determinado, entre la oferta y la demanda de ayuda.
Teniendo cuenta de todo aquello, los que hacen un don para una determinada causa están en la obligación de exigir un grado importante de eficacia en la utilización de estos mismos.
Tanto a nivel de las organizaciones no gubernamentales como a nivel de los gobiernos centrales se debe exigir transparencia en el manejo de los fondos.
El que se complace en enriquecerse  a costilla de la miseria de un grupo con el uso inadecuado de la ayuda humanitaria debe ser considerado como un criminal habiendo cometido un crimen contra la humanidad y ser traducido frente a los tribunales correspondientes. Locales e internacionales.
El ejemplo debería empezar con Haití si la oportunidad se presenta.
Dr Jonas Jolivert...Texto original
03/03/2010