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martes, 23 de febrero de 2010

Guerra papel-Internet en Puerto Príncipe

Le Nouvelliste', un periódico que a duras penas sobrevivía en Haití antes del seísmo, se ve obligado ahora a centrarse en la Red tras perder su vieja rotativa
RAMÓN LOBO | Enviado especial - Puerto Príncipe - 23/02/2010
 Lo último que necesita un periódico sumido en el debate papel-Internet y en medio de una crisis publicitaria general es un terremoto de 7 grados en la escala de Richter. A Le Nouvelliste, fundado en 1898, se le movió tanto la vieja rotativa que algunas máquinas fueron desplazadas o quedaron inclinadas y ahora son técnicos venezolanos los que deberán determinar qué se hace. Su sede está en el centro de Puerto Príncipe, enfrente de los restos de la prisión; allí, quien no murió entre los escombros escapó a la carrera. En cambio, el edificio del diario sigue en pie, aunque descascarillado. Los expertos que deciden las demoliciones afirman que necesita reforzar los pilares antes de permitir el trajín de antaño. El nombre de la cabecera que preside la fachada aguantó la sacudida con dignidad: sólo perdió la t. Todo un símbolo de sus intenciones.
Le Nouvelliste es el medio de comunicación impreso más importante de Haití junto a Le Matin, también más que centenario. En la capital no hay quioscos y menos aún máquinas automáticas como las de EE UU. Lo poco que se vende es a través de voceadores. Al menos los atascos de Puerto Príncipe tienen un efecto colateral positivo: dan la oportunidad al ambulante para que elabore, si lo tiene o quiere, un discurso sobre las ventajas de leer noticias que nadie desea conocer.
"Antes del terremoto vendíamos 15.000 ejemplares cinco días por semana, casi todos por suscripción. Hemos tardado tres semanas en sacar un número especial de 12 páginas. Tuvimos que recurrir a una imprenta privada que carecía de los medios adecuados y sólo podía trabajar unas horas pues de noche los operarios temían por su seguridad. Lo ocurrido nos ha obligado a centrarnos en la web [lenouvelliste.com]", dice su director y copropietario, Max Chauvet, de 59 años.
Antes del seísmo, Le Nouvelliste contaba con 24 redactores y tenía planes y cálculos para la adquisición de una nueva rotativa. Después del 12 de enero ha reducido su plantilla a la mitad. "La situación es grave. Algunos periodistas no han podido venir a trabajar porque tienen que cuidar de sus familias; en otros casos tuvimos que prescindir de ellos porque era necesario reducir gastos. Escogimos a los que ya tenían otro trabajo. Ahora somos 12. Son los más polivalentes y aptos para este periodo. Son periodistas capaces de escribir, fotografiar y grabar un vídeo. Los que dejaron de trabajar aquí nos siguen enviando sus textos gratis", dice con emoción.
"El periódico es ahora un medio que se publica en Internet. Lo malo es que en Internet no hay, de momento, publicidad. No es rentable. Imprimiremos esta semana dos ediciones en papel. Tardaremos años en volver a la situación anterior si es que volvemos. De la edición especial vendimos 5.000 ejemplares. Es la nueva realidad. Nuestros lectores están muertos, tienen problemas más serios o se han marchado del país. Es muy difícil sacar un periódico en Haití, donde la inmensa mayoría de la población es analfabeta o vive en Estados Unidos y Canadá", añade el director.
La sede (provisional) está en Petionville, el teórico barrio elegante de la capital. La redacción cabe en una caja de madera prefabricada del tamaño de un contenedor. Hay dos ventanas y algún tragaluz y, sobre todo, aire acondicionado. Una decena de ordenadores y un laberinto de cables son las tripas del nuevo periódico electrónico que pelea por sobrevivir.
En Puerto Príncipe fueron las emisoras de radio las que mantuvieron informada a la población que tenía receptor de radio y pilas para alimentarlo. Pero por encima de todos los medios, el favorito de los haitianos es el rumor. Como en España.
"Le Nouvelliste pertenece a mi familia desde hace cuatro generaciones. La propiedad se reparte entre un primo mío y yo. Empecé a trabajar en 1969. Llevo toda la vida aquí. Desde finales de los años 90 soy el director. Mis hijos no están interesados. Tienen sus negocios. Esto ya no da dinero, lo pierdes. Debes tener otras fuentes de ingresos para sobrevivir. Pese a todas las dificultades y a pesar del daño que nos ha causado el terremoto tengo claro una cosa, el papel no va a desaparecer en la era de Internet".