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viernes, 12 de febrero de 2010

NÚMEROS: A Haití le cuesta superar el peor desastre de su historia

 Javier Valdivia - 2/12/2010
LAS CIFRAS OFICIALES HABLAN DE 217,000 MUERTOS Y DE UN MILLÓN DE DAMNIFICADOS
Puerto Príncipe, Haití.- El rostro adusto del hombre fuerte del gobierno haitiano resume el peso que le ha tocado llevar en estos días, y cada palabra suya arrastra de alguna manera el dolor de todos sus compatriotas afectados por el peor desastre natural ocurrido en este país en toda su historia. Detrás de él, en una improvisada sala de reuniones, un mapa de Haití y los números un mes después de la tragedia.
“Esta es la historia de una catástrofe anunciada”, sentencia Jean Max Bellerive, el primer ministro de Haití, al pasar balance de la situación tras el terremoto de 7 grados que destruyó el 75 por ciento de la capital haitiana.
“El sismo reveló la fragilidad de Haití y pagamos con precio de sangre la escasa autoridad del Estado, la poca planificación urbana, la concentración desordenada de la población”, dijo Bellerive a LISTÍN DIARIO.
No muy lejos de su despacho, ahora en la parte baja de Puerto Príncipe, las tiendas de campaña improvisadas, el constante ulular de las sirenas, la frenética marcha de las caravanas de organizaciones internacionales y la presencia de militares de varios países en las calles de la capital le dan sentido a las cifras oficiales que maneja la oficina del primer ministro:
217,000 muertos (sin contar los que ya fueron enterrados o los que todavía no aparecen), 400,000 heridos; entre un millón y 1.2 millones de desplazados, medio millar de campos para refugiados, 400,000 movilizados voluntariamente a otros lugares fuera de la capital, 200,000 haitianos que todavía esperan ayuda, 300,000 personas que viven aún en las calles.
En Haití, realmente, los números no mienten.
Aquel 12 de enero tristemente inolvidable, treinta segundos de infierno fracturaron también al gobierno durante los primeros días, hicieron colapsar al propio Estado haitiano y dejaron sensiblemente afectada a la Misión para la Estabilización de Haití (Minustah) que perdió a su principal representante, Hedi Annabi.
El epicentro del terremoto se produjo 10 kilómetros al oeste de Carrefour (a 15 kilómetros de la capital haitiana), una de las zonas más devastadas por el sismo, al igual que Morne L’Hopital, Canapé Vert, Mont Hercule, Delmas, Debussy, Fourgeau y la zona baja de Puerto Príncipe.
En el Suroeste
Fuera de la capital, sólo entre el quince y veinte por ciento de Léog‚ne (donde murieron al menos 20,000 personas) quedó en pie; hasta medio centenar murió en Jacmel, y Petit Goave y Grand Goave, también ciudades del Suroeste, fueron afectadas.

“Seis años después de Gonaives (cuando la tormenta tropical Jeanne provocó 3,000 muertos y 300,000 damnificados) tenemos que reconocer que la acción estatal acompañada de la ayuda de la comunidad internacional no ha podido ser mejorada”, dijo a LISTÍN DIARIO Edwin Paraison, ministro de Haitianos en el Exterior y coordinador de la Gestión de Ayuda Humanitaria para el Suroeste.
Es cierto. Guetchine Ethe-ort, una joven voluntaria que trabaja en uno de los mayores campos para refugiados en la capital, dice que el gobierno todavía no ha aparecido, y en otros lugares, la gente se queja de la ausencia oficial.
“Las necesidades son realmente muchas y lo que recibimos no es suficiente”, concluye Etheort sin disimular su desesperanza.
Más abajo, el centro de la ciudad va recobrando poco a poco el dinamismo de antes, aunque un elemento adicional dice mucho de la situación: filas en las embajadas y consulados de gente que busca dejar el país; filas en los bancos que pueden pagar cheques de quienes pueden cobrarlos; filas interminables en los campamentos para conseguir algo de comida, y en los hospitales para recibir asistencia médica.
Pero también hay filas de trabajadores haitianos que se han integrado a un programa del PNUD (Trabajo por Dinero) para despejar el suelo y limpiar las calles de una ciudad donde cientos de cadáveres aún permanecen  bajo los 60 millones de toneladas de escombros que aún no han sido removidos.
Además, la Policía Nacional Haitiana está en las calles controlando la seguridad y ordenando el tránsito (con el respaldo de fuerzas militares extranjeras); algunos comercios han abierto sus puertas y los mercados han vuelto a su habitual desorden.
En un mes, la ciudad no se ha levantado del todo, pero ya camina; el gobierno trata de recomponerse aunque la crisis lo ha sobrepasado; la gente, profundamente afectada por el terremoto del 12 de enero, de vez en cuando ríe, pero todavía no olvida.
“El terremoto nos puso de rodillas”, dice Bellerive. “Fue una catástrofe”.

La búsqueda de supervivientes del sismo culminó oficialmente el pasado 23 de enero, cuando el gobierno haitiano anunció que se concentraría en la distribución de la asistencia humanitaria.

Pero la ayuda fluye todavía de manera desorganizada y miles de damnificados, inclusive, no la han recibido.
El primer ministro de Haití, Jean Max Bellerive, dijo a LISTÍN DIARIO que la prioridad ahora es proteger a la gente de la proximidad de las lluvias, reubicar a los damnificados y satisfacer las necesidades básicas de la población, incluyendo la de los 400,000 haitianos que decidieron dejar voluntariamente Puerto Príncipe.

Edwin Paraison, coordinador de la Gestión de Ayuda Humanitaria para el Suroeste, también dijo al LISTÍN: “Hay que decir que aún manejamos una parte de la crisis humanitaria; aún no hemos entrado a la etapa de reconstrucción”.