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domingo, 28 de agosto de 2011

Haití, al borde de un estallido de violencia: El presidente Martelly no puede gobernar

La clase empresarial, con mayoría en el Parlamento, no permite que ninguna iniciativa de Michel Martelly sea aprobada, y el pueblo reclama Rui Ferreira
Puerto Príncipe
La sociedad haitiana se encuentra al borde de un estallido de violencia. La gran inquietud y el enojo de la gente se perciben apenas se llega al aeropuerto de Puerto Príncipe. Cinco meses después que el presidente Michel Martelly asumiera su cargo, todavía no ha logrado formar un gobierno y los haitianos están a punto de perder la paciencia, por lo que consideran es el incumplimiento de sus promesas.
Martelly prometió mucho, educación gratis, aumentos de sueldos, salud asequible para todos y, sobretodo, paz social. Pero hasta ahora, la mayoría de los haitianos dice que nadie ha visto nada de eso.
El mandatario ha intentado formar su Gobierno en tres oportunidades, pero la oposición vetó sus propuestas en el Parlamento y, en términos prácticos, el país está viviendo 'al garete'. Martelly puede tener ideas, planes y propuestas, pero no tiene capacidad de firmar una ley, negociar un contrato sindical o aprobar un presupuesto educacional.
Todo pasa por el Parlamento y los diputados de oposición son la mayoría, por lo tanto Martely tiene sus manos atadas.
Aunque el presidente es, todavía, un político con respaldo popular, nunca tuvo el apoyo de la clase política y empresarial, el estamento que realmente detenta el poder en Haití.
Fortaleza de la clase empresarial
Desde el retorno de la democracia a Haití en 1994, es la clase empresarial, simbolizada por la Confederación de Empresarios la que, en términos prácticos, decide quién es el presidente. Un hecho al cual la comunidad internacional ha cerrado los ojos.
El año 2010, el candidato de los empresarios fue Jude Celestin - el yerno del ex presidente René Préval - un empresario de telecomunicaciones, que nunca fue popular entre los haitianos, pero que el ex mandatario promovió con intensidad. La población nunca lo aceptó y cuando salió en segundo lugar en las elecciones de diciembre pasado, los comicios fueron de inmediato objeto de cuestionamientos.
Decenas de movilizaciones populares hicieron claro el malestar por el resultado, hasta que Naciones Unidas terminó obligando a la Comisión Electoral Provisional a hacer marcha atrás, y proclamar a Martelly - un cantante - como el ganador.
La decisión, aunque respaldada por la comunidad internacional, fue aceptada a regañadientes por los empresarios. En términos prácticos, para ellos, Martelly fue presidente por imposición de las tropas de ocupación.
Sin respaldo en el Parlamento
Hubo un momento de tregua. Pero ya se acabó, porque la "elección" del mandatario nunca fue acompañada por un respaldo parlamentario, porque al mismo tiempo que se realizaron las presidenciales también hubo comicios parlamentarios y Martelly nunca se lanzó al ruedo electoral con el respaldo de un partido. Resultado: la imposición de la comunidad internacional jamás tuvo una contrapartida parlamentaria.
Fue esto lo que permitió a la clase política comenzar a "sabotear" la gestión del mandatario. Era, y es, la única herramienta que disponen en la actualidad sin dar a la comunidad internacional el argumento de que no tienen un comportamiento democrático.
En este marco, y para complicar el escenario a Martelly, regresan a Haití, mediados de año, el ex presidente Jean Bertrand Aristide y el dictador Jean Claude 'Baby Doc' Duvalier, dos personajes cuya presencia en el país es suficientemente desestabilizadora.
Nadie duda que los dos volvieron con la anuencia de los empresarios, no porque nutran una simpatía particular hacia ellos, sino para apuntalar una reacción contra el apoyo de la comunidad internacional a la elección de Martelly.
La realidad del haitiano común
Todo esto sucede en los entretelones del poder, un espacio al cual el haitiano medio no tiene acceso y ni siquiera una noción de lo que sucede. Para los haitianos el dilema diario es simple: comer o no comer, estudiar o no estudiar, tener trabajo o no tenerlo; y si no logra nada de eso el culpable es el mandatario de turno aunque no sea verdaderamente el responsable.
La única forma de reaccionar, la que ha caracterizado a la nación haitiana por siglos, es la violencia. Contra quien esté en el poder. Y los indicios de violencia ya están a la vista. En la última semana nueve extranjeros, entre ellos un estadounidense, fueron asesinados a sangre fría en la calle.
Los estudiantes, un estamento históricamente combativo, amenazan con una reacción a partir de septiembre, si Martelly no cumple con su promesa electoral de proporcionar educación gratuita para todos.
El mandatario no tiene medios para hacerlo porque no ha podido formar su gobierno, ni nombrar un ministro de Educación y, por ende, tampoco ha podido aprobar un presupuesto educacional que, al menos, cuenta con los recursos prometidos por la comunidad internacional. Los estudiantes no entienden esas razones, apenas le exigen lo que les prometió.
Ante la pobreza que los rodea, lo más natural es que salgan a la calle violentamente. Para alegría de los empresarios, Duvalier y Aristide, ante una comunidad internacional comprometida en la seguridad del país, pero absolutamente ineficaz para obligar a los empresarios a apoyar a Martelly.
http://www.elmundo.es/america/2011/08/27/noticias/1314407791.html#comentar