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sábado, 20 de agosto de 2011

El mito de una agenda bilateral entre Haití y Republica Dominicana

Por FERNANDO SIBILIO Participar con tesón en los esfuerzos por darle un golpe de timón contundente al rumbo institucional haitiano, y en reducir la apoplejía democrática y política que sufre el pueblo haitiano, es una irremplazable demanda bilateral de los dominicanos
Sorprenden los presupuestos de los medios de comunicación, las declaraciones de los técnicos y los ditirambos de los Embajadores haitianos y dominicanos, cuando hablan de asuntos serios de políticas internacionales, lo tratado por ambos Presidentes, en las visitas relámpagos de Martelly al Doctor Fernández.
Comprendemos a los Embajadores, más, nunca les justificaremos, debido a que se trata de darle oficio a sus sueldos y homenajes.
Es que hablar de una agenda bilateral conlleva pactos, convenios y acuerdos previos, que nunca, siquiera hayan sido formulados los prolegómenos, ni en Haití, ni en nuestro país.
Haití ha demostrado que carece del talante democrático para formular cualquier plan importante para su población.
Produce perplejidad el propósito político de agenda bilateral con un país cuya clase política ha sido incapaz de diseñar un plan de recolección de escombros en su capital.
Que le faltan todos los planes y programas desde los cuales pudieran salir las metas, que le permitirían vincularse con las demás naciones del hemisferio y del mundo.
Merecen lástima y compasión los líderes políticos y sociales haitianos, cuya única estrategia es el descrédito de los Gobiernos y de las empresas dominicanas.
Disponen de tiempo y responsabilidad democrática para defender a los haitianos fuera, mientras le niegan a su nación el derecho de tener un Primer Ministro, 90 días después de juramentar a un Presidente.
Son esos mismos Senadores haitianos quienes se interesan por los despreciables episodios de violencia y de orden público entre dominicanos y haitianos, fruto de ese fenómeno político de las migraciones.
Aunque, nunca han investigado las más de 2,500 violaciones y las más de 90 muertes de mujeres, incluyendo adolescentes, que se han producido en las carpas y campamentos después del terremoto.
Divulgar que el Presidente Fernández recibe al Presidente Martelly para tratar asuntos bilaterales, de una agenda común inexistente es un exceso diplomático y una ironía política.
Si el liderato haitiano desmedra y soslaya cualquier posibilidad que conlleve el ordenamiento institucional y cualquiera iniciativa que tenga como destino un plan de desarrollo, pero, lo mismo, con la Comisión Mixta Bilateral.
Crece el tráfico de haitianos, se estanca el Estado haitiano, carece de un Gabinete, como extensión y prolongación del fraude y de la crisis electoral, cuyas heridas permanecen abiertas, y purulentan las instituciones y los órganos de los poderes públicos, sin que exista un plan ni nacional ni internacional, que drene el amotinamiento institucional y el vacío de poder político que padece el pueblo haitiano.
Consideramos la urgencia y pertinencia de que el Presidente Fernández promueva, sin economía de ningún esfuerzo, eso sí, dentro de sus posibilidades un encuentro por la reconciliación política en Haití.
A fin de darle una salida al estancamiento parlamentario y a las trabas democráticas internacionales, que mantienen en la marginalidad y en la inferioridad republicana a la nación haitiana.
Discutir con Haití, en las actuales condiciones, una agenda bilateral, regional o hemisférica, sería una aventura política. Por ende, es urgente dotarlo de las claves democráticas y de los instrumentos o herramientas políticas contemporáneas, que le devuelvan las posibilidades de organizar el Estado, en torno a ese poder político superior que merece la República Haitiana.
Podrá, en todos los casos, esa República Haitiana, legislar, construir y legitimar un poder político soberano, con el cual acceder a la libertad común, como derecho legítimamente protegido.
Establecer ese poder político y concertar democráticamente la soberanía de las instituciones estatales, obligaría de paso, a la obediencia incondicional, al uso justo de las leyes, porque, solo así, existiría en la sociedad y en el Estado Haitiano un derecho ultimo a mandar y a obedecer.
Dado que, tanto el Gobierno como la Minustah y los Organismos Internacionales de intervención, han perdido ese poder de coacción.
Proliferaran los querulantes o quejicosos que pudieran regatearle ese beneficio político al Presidente Fernández, aunque él haya bajado la guardia, al prestar más atención al aspecto académico de la problemática haitiana, cosa que nunca colide en virtud de la disponibilidad política y burocrática que le otorgan los instrumentos del poder.
Participar con tesón en los esfuerzos por darle un golpe de timón contundente al rumbo institucional haitiano, y en reducir la apoplejía democrática y política que sufre el pueblo haitiano, es una irremplazable demanda bilateral de los dominicanos, y le toca al Presidente Fernández, por el hecho y el derecho histórico de ser el Presidente de todos los dominicanos, liderar el convite insular.
av//am
http://www.almomento.net/news/136/ARTICLE/93990/2011-08-19.html