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jueves, 27 de mayo de 2010

Los haitianos, y no la comunidad internacional, financiarán la reconstrucción de su país

27 MAY 2010 00:56 La recuperación de la economía de Haití parece que va a ser cosa… de los haitianos. Es cierto que la comunidad internacional ha comprometido 10.000 millones de dólares (8.155 millones de euros) en ayudas a corto y medio plazo (hasta 10 años) para reconstruir el país tras el terremoto que causó la muerte de entre 90.000 y 230.000 personas.
Pero esa cifra tiene dos problemas: 1) Frecuentemnte, esas promesas no se materializan nunca (como ha sucedido en el caso de Afganistan); y 2) Esa cantidad no llega ni a la mitad de lo que los dos millones de haitianos que viven fuera de su patria van a enviar al país en ese periodo de tiempo, según datos del Banco Mundial.

Las cifras abruman, y ponen de manifiesto que la mejor forma de luchar contra el subdesarrollo es abrir las fronteras a la inmigración. Haití tiene al menos 2 millones de sus habitantes viviendo fuera de su país, como refugiados económicos. Las cifras son controvertidas, porque muchos de ellos son inmigrantes ilegales. En Nueva York, por ejemplo, las estadísticas oficiales hablan de 165.000 haitianos, pero la cifra real podría ascender a 400.000. En Miami se estima que están al menos otros 200.000. El Censo de EEUU apunta a medio millón de haitianos en el país, pero la cifra real podría ser el doble. En República Dominicana viven al menos otro millón de ciudadanos de Haití. Y en Canadá y Francia, otros 100.000, respectivamente.

Según el Banco Mundial, los expatriados haitianos envían cada año “1.800 millones de dólares o más” (es decir, unos 1.450 millones de euros largos) a su país. Es una cifra brutal: representa por sí sola alrededor del 15% del PIB del país. Con la diferencia, además, de que ese dinero es enviado efectivamente a las familias, que deciden qué hacer con él.

Ninguna burocracia, pública o privada, toma decisiones de inversión por los haitianos.

No sólo eso: los costes de transferir ese dinero son muy bajos. Las remesas van solas. La ayuda al desarrollo, va con gente carísima. Yo conozco a una persona de Washington que rechazó un trabajo con una ONG para reconstruir Haití porque no le pagaban 100.000 dólares (80.000 euros) al año (vivienda, seguridad y transporte al margen). Esa situación no se da en las remesas.

Y el terremoto ha provocado una explosión de solidaridad. De hecho, el Banco Mundial espera un aumento de las remesas del 20%, lo que supone 360 millones de dólares, o 294 millones de euros. Eso se debe en buena medida a la acertada decisión de la Administración Obama de dar estatus de ‘trabajadores temporales’ durante 18 meses a unos 200.000 haitianos ilegales. El resultado es que esas personas podrán aumentar sus envíos de dinero.

Así pues, los haitianos, y no los extranjeros, van a ser los mayores financiadores de la reconstrucción de su país. De hecho, el Banco Mundial se está planteando la emisión de bonos para la diáspora. No es una idea nueva. Simplemente, se trata de combinar patriotismo e inversión por medio de la emisión de unos títulos de bajo interés—alrededor del 5% lo que, en realidad, tal y como está el precio del dinero, no está nada mal—que los haitianos podrían adquirir para financiar la reconstrucción de su país. El sistema ya ha funcionado en países tan diversos como Israel e India. Y acaso ahora sea el turno de Haití.
http://www.elmundo.es/blogs/elmundo/nodoycredito/2010/05/27/los-haitianos-y-no-la-comunidad.html