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domingo, 18 de diciembre de 2011

Hablar el creole haitiano

Amelia Duarte de la Rosa, enviada especial
Que una lengua se practique en pocos países o regiones no quiere decir que no sea genuinamente internacional. En Haití si no se habla creole, todo intento de comunicación en inglés, francés o español es prácticamente en vano. El dialecto, uno de los idiomas oficiales junto al francés, es el canal más eficaz para comunicarse en el país.
Orgullo de la identidad y herencia histórica, los haitianos además del creole no reconocen otro tipo de lenguaje. Parecerá una perogrullada pero es la verdad. Tan imprescindible resulta para el pueblo haitiano que, por su supervivencia, lo emplean en documentos oficiales, en literatura, en todos los niveles de enseñanza, carteles instructivos o propagandísticos y en los medios de comunicación.
Basado estructuralmente en el francés y compuesto por palabras derivadas del español, inglés y dialectos africanos como el wolof, el fon, ewé, kikongo, yoruba e igbo, el creole surgió en la época de la colonización como necesidad de los esclavos para comunicarse en secreto. Su etimología nació de un préstamo del término portugués "kreyol" que luego se transfirió como sustantivo al francés y significa criar.
La lengua fue declarada oficial desde 1961, aunque había sido el único idioma literario de Haití desde su independencia en 1804. Actualmente también se cultiva en Martinica, Guadalupe, las Islas Seychelles —donde fue emitido en 1979, el Día Internacional del Creole que se celebra cada 28 de octubre— y en lugares donde abunda la emigración haitiana como República Dominicana, Bahamas, la Florida, en Estados Unidos, y en Cuba.
A nuestro territorio llegó entre 1791 y 1804. Muchos descendientes de haitianos de las provincias orientales, Camagüey y Ciego de Ávila, lo practican como segunda lengua.
Aprender las más de 200 variedades de matices en símbolos, signos, dibujos y sonidos del creole haitiano no resulta una faena fácil, pero las tribulaciones son comprensibles: una lengua no es interesante por sí misma, sino por lo que promete. Y la promesa, en este caso, viene motivada por la interacción y la admiración.
Por eso los cooperantes y médicos cubanos se han dado a la tarea de hablar el creole. Sorprende ver a muchos de ellos, los que más tiempo llevan trabajando en la nación, conversar con fluidez mientras atienden a los pacientes, interactuar en las comunidades y mantener una comunicación activa con los haitianos. El pueblo lo agradece, una sola frase de saludo es suficiente para recibir una sonrisa como respuesta. Los niños son el mejor apoyo para el aprendizaje.
Definitivamente, el creole es una lengua con mucha generosidad. Hablarlo es una muestra fraternal y solidaria con los habitantes de este país.
http://granma.co.cu/2011/12/15/interna/artic01.html