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lunes, 31 de enero de 2011

El problema haitiano

POR FERNANDO SIBILIO* *EL AUTOR
Pretende el Financial Times justificar el naufragio de sus asociados, en su intervención en Haití, con la coyuntura de la llegada del Presidente Duvalier. Magnífica coartada, cuando el periódico mundial de los negocios de fecha 19 de Enero, 2011, expresa el titular: “Retorno Babby Doc amenaza con demorar la reconstrucción de Haití".
¿Quiénes necesitan ese titular?, ¿A quienes les sirve este magnífico antecedente? Y ¿Quiénes se benefician con la hipótesis de este periódico?.
Renunciamos a nuestro derecho de responder por respeto a los lectores, pero, para quedar libres de sospechas aseguramos que, dentro de los recipiendarios nunca estarán los ciudadanos haitianos. Aunque pretendan los grupos de poder internacional, convertir el deber republicano de los haitianos en un fin, a favor de Duvalier, de Aristide o de Preval. De la misma forma que sucedió con Hugo Bánzer, en Bolivia, Perón, en Argentina, Torrijos, en Panamá o, Vaclav Havel, en Checoslovaquia.
Max Scheler expuso con sobrada solvencia y erudición acerca de las condiciones y la índole negativa del deber y de los valores que vivimos como buenos, pero, que los aplicamos por deseos, por creencias o por necesidad, aunque, también por sumisión, por inclinación, por fanatismo político, religioso o social.
Quieren, púes, los medios de comunicación al servicio de los intereses económicos y políticos, del poder internacional, llevar a la sociedad haitiana a circunstancias de confusión o de miedo, similares a la de un ejército en desbandada, que vuelve a la bandera buscando sus deberes y la disciplina, como pócima psicotrópica. Del mismo modo, en que lo hace el súper héroe Gokú y su Hénkirama, aunque, en el caso de los haitianos sería volver al Luga-luga o a los Petroces del Vudú.
Eligen los líderes de los Organismos Internacionales que intervienen en Haití, al Financial Times como su armadura para proteger al YO, inconsistente que frustró la intervención de la OEA, de 2000 al 2004, por la crisis política que desataron las elecciones organizadas por el saliente Presidente Preval. Persiguen excusar el YO displicente que dirige desde 2004, hasta hoy, la bancarrota de todos, en la Misión de la ONU, para la Estabilización de Haití, conocida por el anagrama de Minustah.
Impulsaremos en nuestras mociones los gajes del derecho, tanto de los Organismos Internacionales, como los de Duvalier, los de Aristide y los de Preval, pero, también los de la Candidata Manigat. Aquellos deberes, responsabilidades y compromisos intransferibles, con los cuales nos obligamos, como contrapartida a la servidumbre que nos da la fama. Esa molestia que persigue todo líder a ciencia cierta y a conciencia. Porque toda acción sobre un Estado o, en un Estado concede derechos políticos a partir de los deberes.
Provoca risa la guerra de declaraciones y opiniones, y la competencia por la altura en el discurso que elevó la Secretaria de Estado de los Estados Unidos, cuando dice que: AL PARECER LOS HAITIANOS NUINCA TIENEN REPIRO, para referirse a la sorpresiva presencia, de un Señor que lleva años con residencia fija en la Isla de Guadalupe. Reguila el trompo, la Señora Clinton, al afirmar que al conato Duvalier se agrega al cólera y la crisis post electoral, dos agravantes que surgieron con la jefatura de su marido, de la OEA, de la ONU y de ella, como representante de los Estados Unidos, entre los cinco países con poder de veto, en el Consejo de Seguridad, de las Naciones Unidas.
Compartimos mesa y podio con un prelado católico haitiano, en Mayo de 2005, mientras participábamos en un evento internacional dedicado a la integración de los estudiantes universitarios haitianos y a la creación de escuelas concertadas en la frontera dominico-haitiana, auspiciado por una agencia internacional de Holanda, en una Universidad Dominicana, ese líder religioso colaboró con nosotros en una indagatoria, sobre la preferencia electoral de los católicos haitianos. Los resultados sorprendentes nos obligaron a compartir esas informaciones, con un amigo fallecido, quien dirigía una Revista que sobre política exterior editaba un Ministerio del Estado Domonicano. Jean Claude Duvalier, con un 47% de preferencia electoral, frente al Presidente Preval, al Presidente Aristide y al Sacerdote Católico Gerard Jean Juste, quien muriera de leucemia, como juez de la Suprema Corte de Justicia, y un líder de mucho calado en Lavalas, como Aristide.
Agregamos, además, que el partido Duvalirista, en Kenscoff, Puerto Príncipe, lo dirigía, en ese entonces un Sacerdote Católico bajo las orientaciones del obispo fallecido. A pesar de las declaraciones y las preocupaciones externadas por prelados católicos dominicanos. Es una pena, que ese Obispo amigo muriera en el terremoto del 12 de Enero, 2010, con quien estuviera hoy en condiciones de compartir estas nociones y paradojas de la política.
Prefieren los medios de comunicación y los Organismos Internacionales, las anécdotas y los pantallazos sobre la trashumancia de Duvalier, en lugar de que la opinión pública fije sus ojos, oídos y su criterio, en su desempeño y manejo del fenómeno político que deja la realidad haitiana.
Reducir a la categoría de opiniones o declaraciones, y al detalle de la falta de corbata en la visita del Presidente Preval al Presidente Fernández, como si la crisis haitiana fuese una situación moral, es trivializar un hecho político Duvalier, un episodio con un impacto social, económico, patrimonial, pero, sobre todo, en la competencia de los poderes públicos y en las instituciones públicas, privadas y civiles, del Estado y la sociedad haitiana.
Luce bien la vergüenza en la percha del Presidente Preval, cuando llega de súbito al Palacio Nacional, en helicóptero dominicano, costeado por empresarios dominicanos, presionado por las fuerzas políticas del Presidente Aristide, que hoy piden su cabeza, tras su doble traición electoral, la del apoyo de 2005 y en el apoyo sucesoral en 2010, con el candidato de Lavalas, el Doctor Jak Edouard Alexis.
Comprender que las barricadas y los tiros de los seguidores del partido La Esperanza y de su candidato Jude Celestin, son insuficientes, les será difícil al Presidente Preval y a su yerno, pero, más difícil también, es aceptar el retorno de un Presidente al que parte de la administración pública y los sueldos de la policía, como los salarios del Ayuntamiento de Puerto Príncipe, los pagaran Jack Ketand y Orel Jean, dos narcotraficantes, asistentes del Presidente Aristide, quienes guardan prisión en el Estado de Florida, condenados, en el año 2006 por narcotráfico y lavado de activos. Son hechos imborrables hasta para Gokú y su Henkirama.
http://www.almomento.net/news/135/ARTICLE/79210/2011-01-30.html