ADSENSE

HCYN SEARCH

Google

EL PRECIO DEL AZUCAR ...

...HAITI YA TIENE UN PRIMER MINISTRO...LA NOMINACION DE LAURENT LAMOTHE COMO PRIMER MINISTRO HA SIDO 3 VOTOS EN CONTRA Y 2 ABSTENCIONES...LAURENT LAMOTHE DEBREA CONSTITUIR SU GOBIERNO Y PRESENTAR SU POLITICA GENERAL DELANTE DEL PARLAMENTO PROXIMAMENTE...

LIVING WITH ONE DOLLAR A DAY

Mostrando entradas con la etiqueta JOSE SARAMAGO. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta JOSE SARAMAGO. Mostrar todas las entradas

sábado, 19 de junio de 2010

REPORTAJE: HAITÍ - LA TRAGEDIA

¿Cuántos Haitís? El Nobel portugués rememora otro terremoto: el que arrasó Lisboa en 1755. Y asegura que, como ocurrió con la capital lusa, Haití será reconstruido. La cuestión es: ¿cómo se reconstruirá la comunidad de su pueblo?
JOSÉ SARAMAGO 07/02/2010
Esta semana se cumple un mes de la catástrofe en Haití. Sólo hay una certeza: las heridas permanecerán abiertas mucho tiempo. Los escritores José Saramago, Eduardo Galeano, Edwidge Danticat y Laura Restrepo reflexionan sobre el dolor y el incierto futuro de un pueblo devastado.
En el día de Todos los Santos de 1755, Lisboa fue Haití. La tierra tembló cuando faltaban pocos minutos para las diez de la mañana. Las iglesias estaban repletas de fieles, los sermones y las misas en pleno auge... Tras la primera sacudida, cuya magnitud los geólogos calculan hoy que pudo alcanzar el grado 9 en la escala de Richter, las réplicas, también de gran potencia destructiva, se prolongaron durante la eternidad de dos horas y media, dejando el 85% de las construcciones de la ciudad reducidas a escombros. Según testimonios de la época, la altura de la ola del tsunami resultante del terremoto fue de veinte metros, causando 900 víctimas mortales entre la multitud que había sido atraída por el insólito espectáculo del fondo del río sembrado de restos de navíos hundidos a lo largo del tiempo. Los incendios durarían cinco días. Los grandes edificios, palacios, conventos, repletos de riquezas artísticas, bibliotecas, galerías de pinturas, el teatro de la ópera recientemente inaugurado, que, mejor o peor, habían aguantado los primeros embates del terremoto, fueron devorados por el fuego. De los doscientos setenta y cinco mil habitantes que Lisboa tenía entonces, se cree que murieron noventa mil. Se dice que a la pregunta inevitable "Y ahora, ¿qué hacemos?", el secretario de Exteriores Sebastián José de Carvalho e Melo, que más tarde llegaría a ser nombrado primer ministro, respondió: "Enterrar a los muertos y cuidar de los vivos". Estas palabras, que luego entraron en la historia, fueron efectivamente pronunciadas, pero no por él. Las dijo un oficial superior del ejército, expoliado de esta manera de su haber, como sucede tantas veces, en favor de alguien más poderoso.

en enterrar a sus ciento cincuenta mil o más muertos anda ahora Haití, mientras la comunidad internacional se esfuerza por auxiliar a los vivos, en medio del caos y la desorganización múltiple de un país que incluso antes del sismo, desde hace generaciones, se encuentra en estado de catástrofe lenta, de calamidad permanente. Lisboa fue reconstruida, Haití también lo será. La cuestión, en lo que respecta a Haití, reside en cómo se ha de reconstruir eficazmente la comunidad de su pueblo, reducido a la más extrema de las pobrezas e históricamente ajeno a un sentimiento de conciencia nacional que le permita alcanzar por sí mismo, con tiempo y con trabajo, un grado razonable de homogeneidad social. Desde todo el mundo, de distintas procedencias, millones y millones de euros y de dólares están siendo encaminados hacia Haití. Los abastecimientos han comenzado a llegar a una isla donde todo faltaba o porque se perdió en el terremoto o porque no existía. Como por acción de una divinidad particular, los barrios ricos, comparados con el resto de la ciudad de Puerto Príncipe, fueron poco afectados por el sismo. Se podría decir, y a la vista de lo sucedido en Haití parece cierto, que los designios de Dios son inescrutables. En Lisboa, las oraciones de los fieles no pudieron impedir que el techo y los muros de las iglesias se les vinieran encima y los aplastasen. En Haití, ni siquiera la simple gratitud por haber salvado vidas y bienes sin haber hecho nada ha movido los corazones de los ricos para acudir en auxilio de millones de hombres y mujeres que ni siquiera pueden presumir del nombre unificador de compatriotas porque pertenecen a lo más ínfimo de la escala social, la de los no-seres, a la de los vivos que siempre estuvieron muertos porque la vida plena les fue negada, esclavos que fueron de señores, esclavos que son de la necesidad. No hay noticia de que un solo haitiano rico haya abierto sus bolsas o aliviado sus cuentas bancarias para socorrer a los siniestrados. El corazón del rico es la llave de su caja fuerte.

habrá otros terremotos, otras inundaciones, otras catástrofes de esas que llamamos naturales. Tenemos ahí el calentamiento global con sus sequías y sus inundaciones, las emisiones de CO2 que, sólo forzados por la opinión pública, los Gobiernos se han resignado a reducir, y tal vez tengamos ya en el horizonte algo en lo que parece que nadie quiere pensar, la posibilidad de una coincidencia de los fenómenos causados por el calentamiento con la aproximación de una nueva era glacial que cubriría de hielo la mitad de Europa y ahora estaría dando las primeras señales, todavía benignas. No será para mañana, podemos vivir y morir tranquilos. Aunque, y que hable de esto quien sepa, las siete eras glaciales por las que el planeta ha pasado hasta hoy no han sido las únicas, habrá otras. Entretanto, volvamos la vista a este Haití y a los otros mil Haitís que existen en el mundo, no sólo para esos que prácticamente están sentados sobre inestables fallas tectónicas para las que no se les ve solución posible, sino también para los que viven en el filo de la navaja del hambre, de la falta de asistencia sanitaria, de la ausencia de una instrucción pública satisfactoria, donde los factores propicios para el desarrollo son prácticamente nulos y los conflictos armados, las guerras entre etnias separadas por diferencias religiosas o por rencores históricos cuyo origen, en muchos casos, se perdió en la memoria aunque los intereses de ahora se obstinan en alimentar. El antiguo colonialismo no ha desaparecido, se ha multiplicado en una diversidad de versiones locales, y no son pocos los casos en que sus herederos inmediatos son las propias élites locales, antiguos guerrilleros transformados en nuevos explotadores de su pueblo, la misma codicia, la crueldad de siempre. Ésos son los Haitís que hay que salvar. Habrá quien diga que la crisis económica vino a corregir el rumbo suicida de la humanidad. No estoy muy seguro de eso, pero al menos que la lección de Haití pueda resultarnos de provecho a todos. Los muertos de Puerto Príncipe ya hacen compañía a los muertos de Lisboa. No podemos hacer nada por ellos. Ahora, como siempre, nuestra obligación es cuidar de los vivos.

Traducción de Pilar del Río José Saramago es premio Nobel de Literatura.

http://www.elpais.com/articulo/portada/Haitis/elpepusoceps/20100207elpepspor_10/Tes

El escritor que abrazaba hombres

RAMÓN LOBO - Madrid - 18/06/2010 Consulta el especial sobre José Saramago .
Hay dos tipos de escritores: los que se asilan del mundo y tratan de modificarlo desde sus libros y personajes sin otro compromiso que la búsqueda permanente de la excelencia; y los que como José Saramago, que además de escribir obras esenciales como El memorial del convento, El año de la muerte de Ricardo Reis, los dos ensayos, el de la ceguera y el de la lucidez, y la maravillosa Caín, entre otras, son capaces de salir al mundo y tratar de cambiarlo con sus propias manos. Esa generosidad quijotesca la debió de heredar de su abuelo, quien antes de morir hace ya muchos años se levantó de la cama, abrazó los cuatro árboles que tenía en su huerto y se fue en paz, con la tranquilidad del deber cumplido.
Saramago nunca se escondió. Renunció a muchas líneas escritas en su atalaya de Tías, en Lanzarote, desde donde se ve el mar, por salir a la calle y dar voz a los que no la tienen, a los que nadie escucha, a los que nadie ve. Estuvo en todas las batallas en las que había un ser humano al que abrazar, fuese en Chiapas o en Haití, en Argentina, Chile o Uruguay, donde dictaduras sangrientas y crueles dejaron la huella de la otra cara del hombre. Libró batallas en favor de África, del continente oscuro y silenciado por una globalización informativa que solo habla de las cosas del hombre blanco, y otras en favor de sus inmigrantes desde su Lanzarote adoptiva, frontera primera para los que huyen de las guerras, la miseria, las enfermedades y la pobreza. También tomó partido por Palestina y los palestinos, cuya persecución y desgracia comparó con la que sufrieron muchos judíos en la Europa nazi y que le granjeó la beligerante enemistad de todos los gobiernos israelíes.
José Saramago sabía que el premio Nobel de Literatura no era solo un galardón, el más importante para un escritor, era sobre todo una responsabilidad. Un gran altavoz para una voz que siempre habló en favor de los desfavorecidos, de los que escribió y duplicó en personajes extraordinarios como Baltasar y Blimunda en El memorial, seres que habitaron sus libros dándoles el sentido trascendente de las grandes obras.
Una vez, sentado ante el jardín de su casa, un reportero le habló de la relación entre el periodismo y la literatura. "Son orillas de un mismo río", dijo algo presuntuoso el informador. Saramago le miró a los ojos y respondió: "¡Qué más quisieran los periodistas! Cuando uno lee una obra maestra como Guerra y Paz de Tolstoi es mejor persona, ha vivido otra vida. Cuando uno lee un buen reportaje solo está mejor informado".
Ahora que se ha apagado el hombre, queda el escritor, el ser comprometido, sus obras y su ejemplo. Y nos queda su memoria, que se transformará en memoria africana y en África. Los hombres grandes nunca mueren, solo se van y nos acompañan de otra forma.
http://www.elpais.com/articulo/cultura/escritor/abrazaba/hombres/elpepucul/20100618elpepucul_22/Tes

Bibliografía de José Saramago

DOCUMENTACIÓN EL PAÍS - Madrid - 18/06/2010 - Casi un objeto, Alfaguara, Madrid, 1978
- El año de la muerte de Ricardo Reis, Seix Barral, Barcelona, 1986
- Memorial del convento, Seix Barral, Barcelona, 1986
- La balsa de piedra, Seix Barral, Barcelona, 1987
- Alzado del suelo, Seix Barral, Barcelona, 1988
- Manual del pintura y caligrafía, Seix Barral, Barcelona, 1989
- El evangelio según Jesucristo, Seix Barral, Barcelona, 1992
- Las maletas del viajero:crónicas, Ronsel, Barcelona, 1992
- Casi un objeto, Alfaguara, Madrid, 1994
- In nomine Dei, Ronsel, Barcelona, 1994
- Viaje a Portugal, Alfaguara, Madrid, 1995
- Ensayo sobre la ceguera, Alfaguara, Madrid, 1996
- Cuadernos de Lanzarote: (1993-1995), Alfaguara, Madrid, 1997
- De este mundo y del otro, Ronsel, Barcelona, 1997
- El año de la muerte de Ricardo Reis, Alfaguara, Madrid, 1998
- Historia del cerco de Lisboa, Alfaguara, Madrid, 1999
- Levantado del suelo, Alfaguara, Madrid, 2000
- La caverna, Alfaguara, Madrid, 2000
- Todos los nombres, Alfaguara, Madrid, 2001
- El hombre duplicado, Alfaguara, Madrid, 2002
- Poesía; A modo de epílogo, Alfaguara, Madrid, 2003
- Ensayo sobre la lucidez, Alfaguara, Madrid, 2004
- Poesía completa, Alfaguara, Madrid, 2005
- Las intermitencias de la muerte, Alfaguara, Madrid, 2005
- El año de 1993, Alfaguara, Madrid, 2007
- Las pequeñas memorias, Alfaguara, Madrid, 2007
- El viaje del elefante, Alfaguara, Madrid, 2008
- Ensayo sobre la ceguera, Alfaguara, Madrid, 2009
- El cuaderno, Alfaguara, Madrid, 2009
- Caín, Alfaguara, Madrid, 2009
- Una balsa de piedra camino de Haití, Alfaguara, Madrid, 2010

http://www.elpais.com/articulo/cultura/Bibliografia/Jose/Saramago/elpepucul/20100618elpepucul_23/Tes