ADSENSE

HCYN SEARCH

Google

EL PRECIO DEL AZUCAR ...

...HAITI YA TIENE UN PRIMER MINISTRO...LA NOMINACION DE LAURENT LAMOTHE COMO PRIMER MINISTRO HA SIDO 3 VOTOS EN CONTRA Y 2 ABSTENCIONES...LAURENT LAMOTHE DEBREA CONSTITUIR SU GOBIERNO Y PRESENTAR SU POLITICA GENERAL DELANTE DEL PARLAMENTO PROXIMAMENTE...

LIVING WITH ONE DOLLAR A DAY

Mostrando entradas con la etiqueta TRADICIONES HAITIANAS...TRADICIONES CULINARIAS. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta TRADICIONES HAITIANAS...TRADICIONES CULINARIAS. Mostrar todas las entradas

domingo, 15 de marzo de 2009

Hacia la conquista de los productos locales


Hacia la conquista de los productos locales

Con el fin de revalorizar los productos locales en via de desaparición en el mercado nacional, los dias 4 y 5 de abril 2009, la Iniciativa ciudadana para el desarrollo de Léogâne (ICDL) organiza en el liceo Anacaona una feria gastronomico- artesanal. En una rueda de prensa realizada el jueves 12 de marzo en el hotel Taciana (Léogâne) para lanzar la manifestación, los organizadores afirman que este proyecto ambiciona de promover los distintos productos de los diez departamentos del país.

Esta feria cuyo presupuesto asciende a más de dos millones de gourdes reunirá alrededor a de 75 expositores. Cubrirá distintos sectores de actividad. Así permitirá descubrir la riqueza de la cocina y los conocimientos técnicos haitianos. “Pienso que esta actividad será la ocasión de probar, por ejemplo, los deliciosos « tomtom » y « lalo » de nuestra cocina así como los « konparèt », « doukounou », los « dous makos » riquisimos, sostiene Gérard Antoine, Presidente del ICDL. El gran publico debe participar con el fin de apreciar la producción de su país. ” Miembro fundador de la organización, Anthony Dumont, diputado de Léogane, declara que es hora de redorar la imagen de la producción haitiana. “Los productos de casa tienen aún todo su valor. Comparandolos con los que invaden nuestro mercado, los encuentro mejores. El arroz producido en el departamento de Artibonite, el « dous makos » de Petit-Goâve estan fuera de competencia. Para que recuperan su valor de antan, el Estado debe controlar la importación”, ha dicho ée seguro de si mismo.

Si se entiende bien al Sr. Dumont, el Estado haitiano debe tomar medidas drásticas para frenar la ola de las importaciones que invaden el país en detrimento de la producción local. Un fenómeno que perjudica el respeto, y la apreciación de los valores locales. Un obstáculo a la solidaridad nacional y al desarrollo del sentimiento de pertenencia a nuestro país. En los jóvenes, ha dicho el natural de la ciudad de la reina Anacaona, se siente un determinado desprecio por los productos locales, un menosprecio para los elementos en los cuales se basa nuestra identidad de pueblo. A tal efecto, el diputado invita los dirigentes a tomar medidas de acompañamiento destinadas a reducir el flujo de las importaciones. Así pues, piensa él , los trabajos de los campesinos, de las modistas, de los zapateros, podrán apreciarse con mucha razón y consumirse. La soberanía de los productos extranjeros podrá por fin frenarse. Lo que ayudará a reducir la tasa de desempleo, para revitalizar la economía haitiana y por revalorizar las riquezas de Haití.

La participación en la feria será gratuita. Solamente se reclama un mínimo de 50 gourdes de los visitantes como subvención para el hospital Santa-Cruz y el de la Universidad de Estado de Haití, hizo saber uno de los organizadores. Los fondos recogidos en la circunstancia, dicen los miembros de la ICDL, servirán para ayudar a estos centros hospitalarios a superar su falta crónica de equipamientos.

R.C para el periodico Le Nouvelliste en

http://www.lenouvelliste.com/article.php?PubID=1&ArticleID=68069&PubDate=2009-03-13

Traduccion Dr Jonas Jolivert para Haiti Crema Y Nata

HCyN opina :

Es una iniciativa que se debe aplaudir. Hay que organizar cada vez mas ferias de este tipo. Hay que hacer la promocion de los productos locales. A quien no le interesaria comerse un plato de « Lalo con arroz blanco » ? Aquien no le apeteceria comerse un « TomTom » bien hecho como lo hacen los habitantes de la region de la Grande Anse ? Y que decir de nuestro « Dous Makos » ? un verdadero regalo para los paladares los mas exigentes.

Sin embarga la realizacion de eventos de esta naturaleza debe articularse con otros eventos culturales susceptibles de conglomerar a los haitianos que residen en el exterior. Tienen mas poder adquisitivo. Tambien llevan un interes particular en consumir algo de su tierra.

Si se combinan estos elementos estos productos podrian ser exportados hacia lugares donde residen muchos haitianos.

Sin embargo, creemos que el gobierno debiera hacer un esfuerzo rapido para controlar la entrada de prendas de vestir usadas en el pais. Tomandopor supuesto las medidas necesarias para que los artesanos del pais pueda producir efectos accesibles y de buena calidad al conjunto de los haitianos .

viernes, 28 de diciembre de 2007

TRADICIONES HAITIANAS....LA SOPA DE AUYAMAS....PRIMERO DE ENERO...PARTE II

¿Bueno antes de todo, saben ustedes lo que son las auyamas?…
“En el fuego de la acción” no me pareció pertinente buscar el término apropiado a cada región para referirme a esta “fruta”. No es tarea fácil tampoco. Auyamas la denominan los dominicanos. Para los mexicanos, cubanos, costarricenses etc., no sé.

La palabra en creole haitiano que traduce auyamas es ‘joumou” que viene probablemente de “giraumon” en francés. Pero se usa sin gran distinción la palabra “potiron” que no es un sinónimo de giraumon. Son dos especies diferentes de curcubitacea. Cosas de idiomas, el pequeño Larousse traduce potiron y giraumon con las palabras calabaza y guacal.
El problema es que cuando se habla de “soupe au potiron” y de “soupe au giraumon” no estoy seguro de que se entienda lo mismo. El “potiron” se asimila muy frecuentemente a una especie de curcubitacéa que se usa mucho para los adornos durante la celebración de Halloween. Y a nadie se le puede pasar por la cabeza hacer una sopa con el sabor y el aspecto de la sopa de “JOUMOU” tipo haitiano.
Ustedes notaran que no es nada cómodo hablar con claridad de todo esto. La única receta que encontré es utilizar la nomenclatura científica clásica. Ahí encontramos el pedigrí completa de la famosa auyamas: Reino: Plantae, division: Magnoliophyta, Clase: Magnoliopsida, Orden: Viólales, Familia: Curcubitacea, Género: Curcubita.
Fuera de este enfoque, se corre el riesgo de cometer errores y enviar la gente a hacer sopa con lo que sea. Hay tantas confusiones en torno a las denominaciones que el mismo Walt Disney no supo como resolver el problema dejando el rollo sobre que fruta había sido transformada en carroza por la bruja en el cuento “ la Cenicienta” de Charles Perrault.
Otras de estas verdades universales que se puede y se debe recordar hablando de Curcubitaceas, es que para el período 2004-2005 las bases de datos de la FAO indican que se produjeron casi 40.000.000 de toneladas de estas frutas. La mitad corresponderían a “COURGES” y la otra mitad a “POTIRON”. Los grandes productores siendo China con el 30% y la India con 18%. En cuanto al continente americano, USA, Mexico, Cuba y Argentina suman12% de la producción mundial.

Es definitivamente saludable comer auyamas: Contiene
β-caroteno, su alta densidad nutricional hace de ella un vegetal que se debe incluir regularmente en la dieta en el marco de la prevención del cáncer y enfermedades cardiovasculares. 150 gramos provee las necesidades cotidianas en pro-vitaminas.

De todas estas explicaciones, lo que hay que memorizar es que se debe saber escoger la buena auyama para tener una sopa sabrosa. Ciertas variedades se prestan mas a ser comidas como se come algunos tubérculos como las papas, las batatas o los plátanos.
En casa de “el mortal”, si la sopa no resultaba sabrosa, se echaba la culpa a otros ingredientes o al “savoir-faire” de la cocinera. Jamás se incrimina la auyama.
Al final de esta conversación les daré la receta de la “SOUPE JOUMOU”. Pero mi curiosidad se fue más allá de un plato de sopa de no-sé-qué. Dirigí mis investigaciones hacia la obtención de las respuestas a dos preguntas existenciales (Hablando de tradiciones haitianas):
1. ¿Por qué la sopa de auyamas?
2. ¿Por qué el primero de Enero?
Empecemos por la primera pregunta. Es un contrasentido acercarse de un ciudadano Haitiano y no saber lo que representa en la historia del haitiano el dia primero de Enero. Es una realidad universal. Es el simbolismo por excelencia. El primero de Enero del año 1804, el Generalísimo Jean Jacques Dessalines declaró la Independencia de Haití, después de una lucha revolucionaria sangrienta de los esclavos encabezados en un principio por Toussaint Louverture que iba a culminar con la gran victoria de batalla en la localidad de Vertières el 18 de Noviembre del 1803.
Este éxito fue aun más grande debido a que fue a expensas del poderoso ejército de Napoleón que preparaba su coronación como emperador. Para ciertos historiadores, es más lógico presentar como justificación de la derrota en manos de un ejército de esclavos en trapos, descalzos cargando como arsenal poderoso la voluntad de no seguir siendo esclavos, una epidemia de fiebre amarilla. ¿Qué cojones tienen?
Bueno la verdad es que todos los haitianos siguen exhibiendo este orgullo de ser ciudadano de la primera república negra del mundo. Con la celebración de la independencia de Haití se conmemora la primera revolución negra victoriosa del mundo. Hoy en día algunos van hasta preguntarse a que les ha servido esta proeza. Los que piensan de esta forma no tienen ningún idea de lo que es vivir siendo esclavos.
Esta reseña histórica no dice sin embargo porque hay que preparar una sopa de auyamas el día de la celebración de la independencia. Pero la sopa de auyamas tiene un simbolismo muy fuerte en el contexto de la victoria sobre la esclavitud y la eclosión de la libertad en esta parte de la isla.

El sistema colonialista y esclavista se fundamentaba en la explotación de un grupo de hombres por otros grupos de hombres también. El sostén de este sistema era pues la discriminación y la segregación.
Existían pues hábitos y comportamientos reservados a un grupo y formalmente prohibido a otros. Según lo que rezan los investigadores, a los colonos le encantaban saborear la sopa de auyamas preparada por las esclavas domesticas, quienes de seguro no tenían derecho a saborear semejante delicatesen. O quizás comían su porción de sopa de lo que sobraba. Hoy en día en las familias haitianas las cocineras no comparten la mesa con los propietarios de la casa y su porción de comida se asemeja a lo que iría a la basura o que queda de sobras.
Una manera de darse cuenta que no había ni amos ni esclavos, ni prohibiciones ni interdicciones era poder prepararse su sopa para sí mismo. ¡Es difícil imaginar hoy en día, el sabor que percibido en el paladar, la primera cucharada de sopa llevada a plena luz del día como lo ha venido haciendo el hombre blanco!
Pero sin lugar a dudas esta sopa si fue sabrosísima.
Desde este día, preparar la sopa de auyamas el primero de Enero ha constituido la tradición culinaria más arraigada y más fuerte en el seno de la sociedad haitiana.
La sopa del primero de enero ha dejado de ser una comida para convertirse en un espacio y un momento de convivialidad. Pues todos los amigos deben compartir esta sopa como una invitación a compartir y a unirse para defender esta libertad, símbolo de la dignidad humana reconquistada por el sacrificio de la sangre.
Pues en la casa de “el mortal” se cocinaba sopa en abundancia. Vivian muchas personas en la casa y los hijos tenían muchos amigos también. Debido a los preparativos (cocinar una gran cantidad de carne, pelar las auyamas, pelar y cortar los demás ingredientes como zanahorias, puerro, repollo, papas, rábanos etc...) proporcionales a la cantidad que se debía preparar y a causa de la tradición del culto de despedida de año, la sopa ahí se preparaba más tarde.
Se servía generalmente después de la diez de la mañana. Pero no hacia ningún tipo de diferencia porque algunos miembros de la familia gozaban de la oportunidad de ir donde sus amigos. En esas casas donde a las siete de la mañana ya a sopa estaba lista y servida.
Una manera típica de celebrar el primer día del año es que todos los niños debían lucir atuendos y ropas nuevos, comprados por las circunstancias. Se iban alegremente visitar a las familias del barrio y el vecindario para “souhaiter la raisonnée” es decir desear un feliz año nuevo y aprovechar para recibir “les étrennes” o los regalos.
El niño además de su regalo, recibió un pedazo de biscocho casero típico. Una pasta mal hecha cubierto por una crema constituida casi exclusivamente de azúcar y mantequilla acompañado felizmente de un vaso de bebida gaseosa. Los mayores eran agraciados de una copita de licor casero (Aucar+agua+alcool+colorantes). Como niño, uno disfrutaba estos momentos que le daban todo el encanto a las fiestas de fin de año. Con la llegada de la adolescencia uno se sentía feliz de decir que no o sentirse exonerado de eso que ya representaba más que una payasada. Los niños que llevaban ropas nuevas para ir a saludar a los mayores del barrio se conocen como “ti joudlan” (Petit (du) jour de l’an)…

Hoy, en el año 2008, después de 20 años de dislocación de una sociedad moribunda, después de haber sido abonada por aquellos que sembraron el odio para cosechar una gloria sin méritos, no sé si la sopa de auyamas guarda el mismo sabor de 1804.
De seguro que los niños no salen para desearle “la raisonnée” a los demás pues en las esquinas están los secuestradores, verdaderos rapaces, dispuestos a matarlos, y tirar los cadáveres a la basura para el deleite de los perros errantes. ¡Ahí estamos soportando las secuelas letales de las conquistas del 86! Pero los haitianos añoran estos momentos de convivialidad donde la pobreza se acompañaba de verdaderos valores humanos y se soportaba con dignidad.
Pero nunca se debe dejar de responder positivamente a una invitación para comer una buena sopa de auyamas.

Texto: Elvis Bisbirudolfo Raposo Nepomuceno
Alias Elbinbin
Nota: Proximamente, la receta de la sopa de auyamas a la manera haitiana con la ultima y mas breve entrega

miércoles, 26 de diciembre de 2007

LA SOPA DE AUYAMAS...PRIMERO DE ENERO...UNA TRADICION HAITIANA

Hola amiguitos y amiguitas.
Supe que me estaban esperando para darles la respuesta a esta pregunta descabellada que se hizo mas arriba. Dirigida a ustedes. Yo no he dejado de pensar en la intención escondida detrás de estas interrogantes. ¿Que puede haber de común entre un pavo y una auyamas?
Mientras que el hacha va y viene, voy reflexionando al respeto y espero que, al final de esta charla me bajaran la inspiración y el genio intuitivo para contestar correctamente.
Bueno después del éxito que tuvo mi historia del doumbwèy, vengo a compartir con ustedes una experiencias sabrosas que me toco vivir en la casa de “el mortal”. Se preguntan ¿quid de este “el mortal”? Pues “el mortal” es el nombre que se le dio a aquel joven encontrado con su padre, haciendo fila en el patio del alma mater de la universidad autónoma de santo domingo. Este estudiante de medicina.
Durante su primer año en el colegio universitario, le gustaba ir con sus amigos a “Disco Club”. El Disco Club era una discoteca curiosamente ubicada casi en el mismo campus universitario. Prestaba servicio desde las diez de la mañana. Era el templo de la vagabundería. Se podía, desde temprano bailar merengue y beber cerveza. ¡Que chulo!
En esta época, inicio de la década del ochenta, el señor Juan de Dios Ventura Soriano, mejor conocido como Jhonny Ventura, sonaba mucho en la radio. Pues el “Caballo mayor” interpretaba un disco que se llamaba “el pique”. Las letras de esta canción contaba la historia de los haitianos viviendo en los bateyes. Pues ellas decían entre otras grandes verdades, “vengo con un pique, vengo del batey/ de ver tanta gente sin na’ que comer…”. Las denuncias cantadas por el “CABALLO MAYOR” gozaron de una gran simpatía en la persona de aquel estudiante de medicina.
Pues, era curioso ver como la experiencia de aquel estudiante en la Autónoma le había cambiado su percepción de las cosas tanto humanas como espirituales. Pues, de un fervoroso cristiano evangélico predicando la resignación - ya que todo expresaba la voluntad de Dios - , el paso a ser un revolucionario convencido de que las verdades universales de la Biblia podían ser aplicadas mejor con un poquito de realismo. Este realismo era aun más eficaz cuando se acompañaba de una medida disuasiva expresada a través del gatillo de un fusil. Todo lo que se asemeja a denuncia le gustaba. Y si la denuncia tenía que ver con los haitianos de los bateyes era palabra del evangelio revolucionario.
En esa época, Jhonny Ventura se placía en repetir varias veces en sus canciones la palabra MOOOOOORRRRRTAL! Eso también le gusto al joven aquel; y no perdió tiempo en adoptar este refrán. De ahí que sus compañeros de la universidad y de Disco Club, aquellos que lo pasaban bebiendo cervezas y bailando merengues no dejaron tampoco pasar esta oportunidad para llamarlo “EL MORTAL”.
Dimos una gran vuelta para llegar al mortal. Pero ahí estamos. Como les venía diciendo, mi propósito es contarle parte de mi experiencia de Haití a través de esta familia.
Des de la desfachatez que me toco vivir la primera vez que comí en esta casa, estuve muy atento con los usos y las costumbres de mis amigos haitianos. Generalmente se cae en una especie de chauvinismo que nos hace pensar que el bulto donde cada individuo conserva sus valores, sus tradiciones y costumbres son lugares anticuados que no se comparan con nuestras propias vivencias. A veces vamos aun mas lejos y ponemos en balance unas tradiciones frente a frente olvidándose de la idiosincrasia de cada cual.
Me puse pues a observar como ellos hacían las cosas. Yo le daba aun más importancia cuando era diametralmente diferente de lo que se hacía en casa.

Era el mes de diciembre. Un diciembre cualquiera. Los niños pensaban en Santa Claus y los grandes se imaginaban la manera más original de disfrutar las fiestas de fin de año. Para decir la verdad, nunca entendí todo el afán de este periodo. Tampoco entendí porque ciertas personas no temor en adeudarse para gastar en regalos comidas y bebidas.
Bueno la tradición cristiana quiere que las fiestas de la natividad sean un momento de reunión familiar, un espacio para encontrarse. Lo del lechón, el ron la cerveza servían de adornos.
Pero hacer lo mismo dos veces en una semana sonaba aburridísimo. Yo disponía de varias opciones:
Jartarse de nuevo con el famoso lechón asado, y todo el ron barrato que se vende en esta época
Pagar un dineral en una de las discotecas de la ciudad para unas fiestas inolvidable con alcohol y mujeres
Asistir a una presentación de clase alta de los grupos más conocidos del medio en un buen hotel de la capital…
Era todo. ¡Y qué!...Igual que el año pasado. ¡Igual que el próximo año!
Se me metió una horrible gana de hacer algo nuevo. Decidí, el 26 de diciembre, de cruzar la frontera. Sin invitación llegué a la casa de la familia de “el mortal”.
Ya, formaba parte de la casa. No necesitaba invitación previa para llegar. La hospitalidad era algo que cultivaban con esmero y siempre había para quien sea que llegase. La viuda, el huérfano siempre tenían un puesto, un pedazo de pan y un vaso de agua.
Noté que ahí también celebraron navidad. Pues los niños cargaban y hacían muchos ruidos con juguetes nuevos que habían recibido el día anterior. Los grandes no lucían cansancio ninguno. No hubo trasnoches. Pues la noche de navidad fue un gran momento de oración cabalgando entre las última hora del 24 y la primera del 25 de diciembre. Después de la “misa de la media noche”, los jóvenes tenían permiso de salir un poco y pasar gran parte de la madrugada donde los amigos. Se podían seguir en las “fiestas de salón” del vecindario.
Me acerqué del hermano menor de “el mortal” y empezamos a conversar sobre la manera tan diferente de celebrar este período. Estábamos apoyados contra las barandillas de hierro de un balcón que daba casi sobre la calle principal que une Petion-Ville a Puerto-Príncipe, la ruta de Delmas. Desde ahí se observaban fácilmente las personas que entraban y salían por el portón a penas abierto. Mucha gente entraba y salía. En épocas de fiestas las visitas forman parte de las buenas costumbres.
En un determinado momento, se detuvo a la altura de la entrada una camioneta cargada de gentes animales y sacos llenos. Permaneció cierto tiempo esta vez. Normalmente este tipo de vehículo de transporte público se detiene justo el tiempo de dejar o recoger alguien.
El hermano de “el mortal” tiró una mirada hacia la calle. El había entendido todo. Se volteó hacia la casa y de una voz firme dijo:
- ¡Mama! Tienes visita…
- Ah… llegó, respondió una voz desde una pieza sin salir.
De repente salieron varias jovencitas mirando y dirigiéndose hacia la calle. El hermano de “el mortal” bajo unas cuantas escaleras y se dirigió hacia aquel señor que subía la cuesta atravesando la diagonal que conducía hacia la casa. El llevaba encima de la cabeza un saco lleno de cosas de formas variadas al juzgar por las siluetas que se dibujaban por las mallas del tejido, dos pavos bullosos agarrados por las patas en cada mano. A pesar de todo lo que llevaba, el señor no presentaba signo de dificultad ninguna. Andaba con unos pasos agiles, firmes y seguros.
- Buenos días Tío Linés, dijo una de las jovencitas
- ¿Como estas, hija mía? Respondió el tío liberándose de la carga de su mano derecha.
La camioneta estaba todavía parada frente a la entrada del patio. Las demás jovencitas siguieron en la dirección del vehículo y regresaron cargando sacos y otros animales.
Tio Lines no cargaba dinero para pagar su transporte al chofer. El tenía que llegar, entrar y quitarle el dinero a la madre de “el mortal”. Volvió a salir casi corriendo hacia el vehículo con sus pasajeros acostumbrados a este tipo de contratiempo. Además estamos en periodo de fiestas.
- Waow, dije yo, de donde viene este señor tan cargado. ¡Trajo cosas para darle de comer a un ejército!
- Bueno, nada mas trae con que hacer las comida del día primero de enero y del dos de enero me contesto con un español muy fino el hermano de “el mortal”
- ¿El día primero? ¿El día dos de enero? ¿Y porque no el día tres o el día cuatro? Seguí con cierta ironía…
- Bueno no sé por dónde empezar…déjame ver…Sabes lo que significa tra-di-cio-nes?
- Claro que si hay muchas tradiciones allá también…
- No es nada más cuestión de tradición. En enero celebramos dos fiestas importantes. El día primero se celebra el día de la independencia y el día dos de enero se celebra el día de los antepasados.
- Claro que entiendo. Allá el día de la independencia es el 27 de febrero pero no hay una comida especial para celebrarlo. Se coincide con el carnaval, se hace un desfile militar pero cada quien como lo que le dé la gana.
El intentaba convencerme de que no era ni lo mismo ni era igual.
- Fíjate, me dijo él. El primero de Enero del año 1804 Jean Jacques Dessalines declaró la independencia de Haití de la potencia colonialista francesa. Eso significaba que los esclavos habían coronado con éxito la lucha contra la esclavitud…
- E hicieron una comida especial, le interrumpí…
- Oye compadre con eso no se relaja… Bueno es parte de la tradición, una comida especial para el día primero de enero.
- Cual es esta comida especial que se come el primero de enero? Le pregunté abriéndome bien grandes los ojos.
- Se trata de la sopa de auyamas…
- ¿Sopa de auyamas? … Ok sopa de auyamas con pavos?
- ¿Cómo sopa de auyamas con pavos?
- Pero el señor cargaba dos pavos por las patas también
- Ah los pavos se comen el día de los antepasados, el día dos de enero.
- Diantre…que bien… ¿Y por qué?
- ¿Por qué qué?
- ¿Por qué la sopa de auyamas el primero y el pavo el dos de enero?
- Bueno te diré después vamos a ver lo que trajo Tio Lines*…

Caminamos a lo largo de un balcón estrecho hacia el otro extremo del edifico. Bajamos unas escaleras en espiral y pasamos por la sala y el comedor y llegamos frente a la cocina exterior.
Ahí uno se creería en un verdadero mercado. En una esquina, un poco alejados se encontraban unos animales cansados del viaje y de los trasnoches. El chivo no lograba mantenerse de pie y se dormía por sacudidas. Los pavos tendían las alas en el piso como si estuvieran buscando la fuerza para el equilibrio que habían perdido durante las largas horas del viaje.
Por acá, unos recipientes en calabazas grandes rebozaban de carne de vaca, de puerco. En un recipiente de aluminio descansaba una carne con un color raro, un aroma especial que recordaba el inicio de un proceso de putrefacción. Era una especialidad del género y de la localidad. Era una carne manida que acompaña ultrajosamente bien un cocido de vegetales: berenjenas, tayotas, gombos etc…
Estos vegetales estaban por lotes en el piso. Pero lo quemas me llamo la atención fueron estas frutas enormes, irregularmente redondas, algunas redondas pero aplastados por los polos, otros piriformes, de colores diferentes. Me hubiera faltado tiempo para adivinar lo que era si hubiera tenido minutos antes esta charla en torno a la famosa sopa de auyamas. Entendí que eran variedades de auyamas. No recuerdo haber visto auyamas tan diferentes. La verdad es que no le había puesto atención.
En casa se usa muy poco las auyamas. Creo que se pone un poco en los sancochos y a veces en los cocidos de gandules. Me dio le deseo de preguntar porque tantas auyamas para una sopa pero me di cuenta que los vegetales y los tubérculos para la sopa eran bastante numerosos y entendí que iban a hacer varias sopas o unos calderos enormes de sopa de auyamas.

La otra curiosidad que atravesaba mi espíritu era saber como el tío había procedido para cargar con todos estos productos. Hice pues mis investigaciones y aprendí cosas muy enriquecedoras.
El campesinado haitiano vive tradiciones y comportamientos muy típicos. Tendré tiempo de entretenerme con ustedes con algunos de los que más me ha llamado la atención.
Aprendí por ejemplo que estas sociedades cultivan la tierra. La tierra muchas veces son propiedades de ellos mismos; recibidas como herencias y divididas entre los miembros de las familias. Bueno la tierra se cultiva con la participación de todos en una lógica de ayuda mutua: el famoso KOUMBITE. Tendremos que hablar de eso más luego.
Los productos sacados de la tierra: tubérculos como ñame, yautilla, batatas etc, plátanos, verduras y legumbres, vegetales, huevos se venden al mercado. Estos menesteres son exclusivamente femeninos. Eso significa que estos productos se colocan de una manera bien generosa en una canasta sumando más de 75 o 80
Kilos. Entre la canasta y el cráneo un “troquette”, una almohadita de forma circular y hueca para proteger del roce permanente. El mercado esta generalmente a tres o cuatro horas de marcha del poblado donde viven. Llueve, truene o ventee ellas van de pasos firmes entre el rocío de la mañana adelantando la salida del sol. Aun con embarazos llegando a términos ellas van hacia el mercado. Se dice que eso facilita el alumbramiento.
Después de haber vendido ellas compran lo que le hacen falta: arroz, maíz, aceite, azúcar, hilo, velas, gaz, medicina, alcohol etc, telas, tejidos, zapatos.
En el caso de Lines, las mujeres le ayudaron a cargar sus pertenencias hasta el mercado que es el lugar donde se detienen los vehículos de transportes públicos. Unos camiones inseguros donde se amontonan gentes y animales en una connivencia atiborrada y desnaturalizada.
Desde que el gobierno francés le hizo don a Haití de la ruta de la amistad, este trozo de vía de montañas uniendo la común de Leogane con la ciudad histórica costera de Jacmel, el viaje hacia Puerto-Príncipe se había grandemente facilitado. Ahora faltaba subir desde las llanuras de “Tiyapon” hasta “Tom Gato”. Un trayecto de dos horas nada más. En teleférico hubiera podido hacerse en media hora. Dos horas caminando con estas canastas llenas y pesadas encima de la cabeza no es una sinecura. Pero antes, desde Tiyapon, había que ir hasta Carrefour Dufort, una localidad de Leogane. Para llegar hasta ahí se caminaba cuatro horas atravesando un cruce de ríos ciento y una vez. ¡Si cruzar un mismo rio más de cien veces! Bueno debe ser bastante divertido. Hay sitios donde el rio forma verdaderos balnearios con arenas y aguas cristalinas. En lugares dibujan saltos con arco iris bañándose en la infinidad de las multitudes de gotitas evaporándose, libres.
Pero puede ser menos divertido en lugares donde se forman unos torbellinos acuáticos peligrosísimos. Hay que seguirle el paso a estas personas que saben exactamente donde se encuentran estos hoyos que comunican con el triangulo de las bermudas o con el triangulo de la muerte.
La verdad es que las tías, sobrinas, primas, todas fueron del viaje hacia el mercado de Tom Gato. Ellas lo hicieron con una devoción ciega pues saben que de regreso Linés les traería sus regalos desde la capital.
Por esta razón, su estadía en la casa de “el mortal” era ultrajosamente corta. Nada más necesitaba recoger la lista detallada con el nombre de cada uno del poblado y lo que le correspondía como dinero, salía hacia la ciudad para unos mandados y hop regresaba a tiyapon al otro día. Pues la fiesta se celebraba allá también.
Pero era también tradición en la familia de “el mortal” que la sopa de auyamas se haga con las mejores auyamas del mercado. Durante todo el año; Lines y los demás miembros de la familia estuvieron cultivando y probando todas las variedades de frutas allá producidas. En diciembre pues, estaban más que convencidos de que si iban a enviar auyamas de primera categoría.
(Continuará)

sábado, 8 de diciembre de 2007

HISTORIA DEL DOUMBWEY....

Habíamos llegado de Haití a Marsella en el mes de noviembre de mil novecientos noventa. La gente todavía podía disfrutar de la dulzura del final del otoño mientras que los parisinos comenzaban ya a mortificarse con la niebla, las lluvias y el tiempo típico de esta estación.
Empezábamos a encontrarnos y entender el funcionamiento de todo lo que hasta entonces era diferente para nosotros. Empezando por el espacio diminuto de las habitaciones en la ciudad universitaria. Incluso los edificios del campus daban el aspecto de ser enormes cajas amontonadas las unas al lado de las otras. A duras penas llegábamos a adaptarnos. De todas formas no teníamos mucha elección. Dicen que la adaptación es el mayor signo de inteligencia. Así que así mostrábamos la nuestra.
Ya fue duro durante los primeros días aceptar que teníamos en el mismo habitáculo con no demasiada privacidad, la ducha y el wc. Agravaba el hecho de que se solía utilizar de forma sucesiva, por las diferentes personas que compartían el pequeño estudio.
Sin embargo esto sólo es una forma de comienzo acerca de lo que realmente quiero compartir con ustedes: la parte culinaria.
En efecto como estudiantes teníamos derecho a utilizar el restaurante de la universidad que representaba un pilar importante d en las infraestructuras destinadas a hacer más agradable la vida del alumno y que aprovechara el máximo de tiempo en el estudio sin tener que ocuparse de asuntos de intendencia. En el estudio o en lo que dios daba a entender a cada uno.
La intención era buena. No cabe duda.
En esta época con diez francos teníamos para el almuerzo y otros diez para la cena. Habíamos ya oído las glorias de la famosa y exquisita comida francesa. Sin embargo aquello no era evidentemente uno de los restaurantes chics del centro de París. Así que nos sentimos francamente decepcionados.
Lo que aquellos cocineros nos ofrecían era básicamente platos simples y fáciles: filetes, guarnición de patatas o legumbres básicas, no siempre bien hechas.
De todas maneras la única solución era la adaptación. De haber tenido dinero hubiéramos salido a comer fuera. Pero no era el caso.
Pero no todo el problema venía del contenido del menú del restaurante universitario. Efectivamente las cantinas universitarias servían la cena de 18h a 20h. Era importante estar entre los primeros. De lo contrario estaríamos sometidos a un menú de reemplazo. O sea, peor. De esta forma nos las arreglábamos para estar allí hacia las 18:30. Teníamos que hacer una pequeña cola. Nos servían en un plato un cucharón de guisantes y zanahorias, dos salchichas fritas….
Entonces nos dirigíamos a una gran caja donde podíamos llenar el plato con pan. También un poco más lejos podíamos servirnos lo que ellos llamaban “ensalada” que no era más que unas escuálidas hojas de lechuga. A continuación tomábamos un postre. Había que decantarse por una fruta o un postre tipo yogurt natural. Por fortuna podíamos tomar como pan una o dos baguettes.
Pero a veces ocurría que esto no podía ser porque cerca de nosotros había alguna “criatura celestial”, o sea una chica, a quien hubiéramos querido gustar y parecer más refinado y de buenas maneras. Entonces preferíamos pasar hambre y contar con la posibilidad de la conquista. De esta manera, con la esperanza de poder flirtear con ella, y quién sabe, ir más lejos…la imitábamos para que se creara cierta empatía. El resultado era hacer lo que ella: Tomar muy poco pan.
Tal vez era ella la que nos imitaba a nosotros por exactamente la misma razón. En cuyo caso…el romanticismo llevaba a dos seres a comer menos para contemplar la posibilidad de un hipotético romance. Probablemente esos romances y escarceos nos llevaban a acostarnos muy tarde.
La sangre efervescente de la juventud y el deseo de descubrir nuevos horizontes, nueva lencería, nuevos fluidos corporales, nos hacía elegir trasnochar antes que estar en la cama a las ocho. Y solos.
Hay que recordar al lector que en la cuidad universitaria estaba prohibido tener frigoríficos en las habitaciones así que teníamos que acostarnos a las dos o tres de la mañana, habiendo hecho ya digestión de lo poco que habíamos comido. Y si a eso se le suma el esfuerzo físico y psicológico gastado en la conquista y diversión, nuestros estómagos se resentían. Aunque otras partes del cuerpo estuvieran francamente alegres.
Había una solución. La comida basura. Ir a una hamburguesería. Pero nuestra economía no se podía sostener si lo hacíamos cada noche. Había que inventar algo nuevo.
En la ciudad universitaria vivía un ingeniero de nacionalidad zaireña. Nos habíamos visto por casualidad alguna vez en los pasillos y cruzado en el restaurante. Nos aproximamos enseguida el uno al otro a través de la magia de compartir ciertos elementos morfológicos. Luego constatamos que no sólo compartíamos color de piel y rasgos sino también dificultades sobre la alimentación.
Esta persona, tenía un nombre “como para darle de comer aparte”, expresión metafórica que dicho sea de paso bien viene ya que el texto tiene que ver con lo gastronómico.
Significa que era impronunciable. Para hacerlo correctamente hubiera tenido que cortarme la lengua. Se asemejaba a esos sonidos ininteligibles que pronuncian los cronistas deportivos cuando narran los partidos de fútbol. Gritos entre sexuales e iracundos.
En efecto teníamos la impresión de que para pronunciar correctamente dicho nombre había que toser una vez, estornudar dos veces y volver a toser. Ése era su nombre africano. Por fortuna él también tenía un nombre cristiano fácil de pronunciar como Jean.
Un domingo de diciembre Jean vino a mi puerta. Tenía un aire de preocupación grave. Llevaba una pequeña agenda medio abierta. Después de saludarnos, abrió la agenda y me mostró un mapa. Me pidió muy humildemente que le enseñara en el mapa a ubicar Haití. Yo lo hice rápidamente. Entonces él me miró desde sus grandes ojos lanzándome una frase espontánea:
-¿Ah, sí? ¿ Eso es Haití?- A lo que yo respondí asintiendo con la cabeza y sin darle demasiada importancia.
Días más tarde, él me abordó de nuevo.
-Jopi, me decepcionó un poco ver la dimensión de tu país.
-¿Y por qué?- Contesté.
-En mi universidad en Zaire, el decano es de nacionalidad haitiana, muchos de los profesores más prestigiosos son haitianos también. Por esto pensaba que Haití era un país tan grande que podía deshacerse de los genios y mandarlos a la áfrica francófona.
De esta forma, a mi nuevo amigo le aclaré algunas dudas sobre mi país y se reforzó nuestra amistad. Hablamos evidentemente de más cosas, entre ellas de la común dificultad a la hora de la comida. Había que dar una solución.
Una mañana me sorprendió llevando algo en una bolsa de plástico. Era un objeto cuadrado que me mostró excitado. Lo había encontrado en la calle. Era un calentador eléctrico.
-Jopi, vamos a comenzar a cocinar.
-¿Con eso?- Pregunté yo.
-Claro.
Recordé que mi madre me había iniciado en el arte culinario en mi país, temiendo ella que quizás en mi periplo estudiantil por otros países no tuviera los medios de comer como “dios manda”. Las madres siempre tienen razón. Por fortuna yo recordaba mucho de lo que ella me enseñó.
Mi amigo no tenía muchos recursos económicos. Se ganaba algunos francos gritando la mercancía en el mercado. Con ese poco dinero se procuraba pequeños sacos de arroz, patatas y tomates.
Fue el primero en invitarme a saborear su creación culinaria. Ni siquiera su buena intención y su gesto generoso me impidieron pensar que aquello tenía un aire francamente incomible. Era una especie de salsa de tomate y flotando, insípidas, unas patatas cocidas troceadas.
De esta forma, el protocolo y el buen sentido me dijo que el próximo en invitar sería yo.
Decidí llevarlo a comprar los ingredientes adecuados al mercado para preparar mi “delicatessen”. Fuimos al mercado de productos exóticos y compramos pimientos, guisantes, arroz y especias. Iba a preparar algo simple. Guisantes con trozos de panceta y arroz blanco. Estaba delicioso. Nos encantó.
Sin embargo el plato estrella del almuerzo era sin ninguna duda los donmbwey.
Para hacer los donmbwey se prepara una pasta de consistencia firme, con agua salada y condimentada y harina. La mejor forma de preparar la pasta es la siguiente: se vierte harina en un platito, se prepara en una tacita un poco de agua salada a gusto. Y un poco de pimienta. Se hace un orificio en la cúspide del montículo de harina, donde se vierten unas cuantas cucharaditas de agua. Se mezcla paulatinamente, agregando harina y el agua a la mezcla hasta obtener nuestra pasta de consistencia firme y maleable. Después la masa se divide o reparte en varias bolitas de esferas de dos a tres centímetros de diámetro. Pero eso puede variar en función del tamaño deseado por cada cual. Las bolitas, llamadas “donmbwey”, están listas para incorporarse al caldo que está ya hirviendo. Se echan poco a poco, una por una evitando salpicar. Se deja hervir a fuego lento aproximadamente veinte minutos. Entonces se sirve.
Mi amigo me dijo que se había quedado maravillado de este “donmbwey”. Que era la invención mejor que él había jamás visto.
Para él le resultaba mucho más económico que comprar pan porque se necesitaba sólo harina, sal y agua. Con un poco de ajo y cebollita picada se podía degustar una salsa deliciosa acompañando al “donmbwey”.
Supe más tarde que él había aprendido a hacerla. Lo hacía por la mañana y por la tarde y que esta receta él la había transmitido a su familia en Zaire. Fue la invención del año para las familias de pocos recursos.