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lunes, 31 de octubre de 2011

'Haití no es un país del Tercer Mundo, es del quinto'

Testimonio de una misionera colombiana
* Aún quedan unos 500 campos de desplazados por el seísmo en Puerto Príncipe
* 'Yo no sé dónde está el dinero que han dado al Gobierno. Yo no lo he visto'
* El 80% de los haitianos vive por debajo del umbral de pobreza
* La ONG Manos Unidas lleva trabajando más de 30 años en el país
Yasmina Jiménez
Enviada especial a Haití
La hermana Gloria González lleva 14 años viviendo en Haití. Cuando salió de su país, Colombia, nunca imaginó que vería lo que ha visto o viviría lo que ha vivido rodeada de este pueblo "sufrido, pero resistente". Después del terremoto, que devastó el país en enero de 2010, las fuerzas de esta monja y las de las hermanas de su comunidad se vieron renovadas y, pese a los avances escasos, no decaen. "Más que construir casas aquí tenemos que reconstruir a las personas, darles posibilidades, creer en ellos", explica mientras habla del trabajo pendiente.
Y es que en Haití queda mucho por hacer. Casi dos años después del seísmo que dejó más de 220.000 muertos, cerca de 311.000 heridos y un millón y medio de damnificados, el país continúa a la espera de que algo se mueva, avance. Con la destrucción de las viviendas, varias ciudades haitianas se convirtieron en grandes campos de desplazados. Las tiendas de campaña comenzaron a formar nuevos barrios de lona y plástico. Sólo en la capital, aún quedan 500 de estos campos de damnificados.
'Aquí, en Haití, es muy difícil hacer sonreír a un niño'
Hermana Gloria González
Cuando se le pregunta a la religiosa por el dinero que la comunidad internacional decidió destinar a Haití, asegura: "Yo no sé. Yo no lo he visto, no sé dónde está. Nosotras no hemos recibido nada". Se refiere a las ayudas que debería estar facilitando el Gobierno, pero que con la fuerte crisis política que sufre el país no han comenzado a administrarse. Cinco meses le ha costado a Michel Martelly, después de ser elegido presidente, que las Cámaras legislativas del país aceptaran a su primer ministro.
Ahora, con la formación del nuevo Gobierno, los haitianos podrían tener una oportunidad. Mientras tanto, dependen de la solidaridad privada. En el caso de la hermana Gloria, que dirige un colegio con 660 niños -a los que alimentan a diario- y gestiona un centro de salud en el barrio Croix des Bouquets, la ayuda de las ONG se ha convertido en algo indispensable. Manos Unidas, desde España, ha financiado -entre otros- un proyecto contra la desnutrición que atiende a los niños pequeños que llegan al ambulatorio cada día con sus madres.
Manos Unidas trabaja en Haití desde hace más de 30 años. Después de apostar por el desarrollo del país más pobre de América, no podía abandonarlo cuando lo poco que había se vino abajo. Actualmente, continúa con labores de reconstrucción y desarrollo financiando proyectos que presentan diferentes entidades haitianas o, como en el caso de las dominicas a las pertenece Gloria González, misioneros que conocen desde hace tiempo las necesidades del país.

Un premio destinado al país
Las profundas necesidades del país obligaron a la organización a destinar los 50.000 euros del Premio Príncipe de Asturias de la Concordia de 2010 a Haití. Como ya dijera la presidenta de la organización, Myriam García Abrisqueta, Haití es "un país con capacidad para producir el suficiente arroz para alimentar a toda su población pero en el que por cuestiones económicas y políticas existía y sigue existiendo pobreza y hambre".
'La gente aquí sufre mucho pero tiene mucha capacidad de resistencia' Hermana Gloria González
Esa miseria, con la que convive el pueblo haitiano desde su independencia, se ha visto incrementada tras la tragedia sísmica. Antes del terremoto, la mitad de la población no tenía acceso a la ración mínima alimenticia. Ahora, el 80% vive por debajo del umbral de pobreza. "Aquí es muy difícil hacer sonreír a un niño. Los niños no tienen medios, trabajan desde pequeños y a veces son fruto de la miseria, no son hijos del amor", cuenta la hermana Gloria para explicar esa situación de pobreza.
Sin embargo, ella -que cree en la fuerza del haitiano- tiene siempre un apunte positivo después de lo negativo: "La gente aquí sufre mucho pero tiene mucha capacidad de resistencia. Yo creo que cuando llegó el temblor de tierra, los haitianos que quedaron fue por esa capacidad de resistencia".
Pero las tareas de reconstrucción están siendo lentas. Aunque la mayor parte de los escombros han sido retirados, aún quedan muchas piedras que recuerdan la catástrofe. Demasiadas. Los escasos resultados del trabajo de los haitianos llevan a pensar a la religiosa que los haitianos es como "si estuvieran en un túnel tratando de escavar y en vez de mirar hacia arriba estuvieran mirando hacia abajo". Para ella, Haití es un país en retroceso. "Yo puedo decir que este no es un país del tercer mundo, es del quinto". Pero, sin querer cerrar la puerta a la esperanza, concluye: "Puede que dentro de cuatro o cinco años las cosas sean diferentes".
http://www.elmundo.es/elmundo/2011/10/26/solidaridad/1319654686.html