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domingo, 22 de mayo de 2011

Haití: de la revolución de los esclavos a la devastación del terremoto

- Fue la segunda colonia, tras EE.UU., en obtener la independencia - Francia le obligó a pagar fuertes indemnizaciones
- Los marines ocuparon el país entre 1915-34
MIGUEL CHARTE
20.05.2011
Una búsqueda del término "Haiti" en Google ofrecerá 262 millones de resultados e incluirá la grafía española: Haití. Encontraremos páginas de todo tipo: actualidad política, viajes, vudú, música (incluyendo los videoclips del ahora presidente del país, Michel Martelly), cocina... pero, sobre todo, páginas de ONG y noticias referidas al terrible terremoto de 2010.
En Google Insights puede apreciarse gráficamente el tremendo interés que suscitó el seismo de enero de 2010, frente a la poca curiosidad habitual por este rincón del mundo. Sin embargo, Haití es, en muchos aspectos, un país pionero con una historia fascinante para quien quiera conocerla.

La revolución de los esclavos
"Cristoban colón fue el primero que desembarcó en el nuevo mundo, en la isla de San Salvador, y después de elevar una plegaria de agradecimiento a Dios preguntó inmediatamente donde estaba el oro. Los nativos (...) le guiaron hacia Haiti, una vasta isla (casi tan grande como Irlanda) y en la que abundaba, le dijeron, el precioso metal. Colón puso proa a Haití."
Así comienza Los jacobinos negros (1938), del historiador caribeño C.L.R. James. Colón instaló su primer campamento en la isla de La Española, que Haití comparte con República Dominicana. Pero no encontró oro. La colonia, sin embargo, se convirtió en la "Perla de las antillas" en el siglo XVIII, bajo dominio francés, gracias al trabajo de medio millón de esclavos africanos y decenas de miles más que murieron por el camino.
La revolución de los esclavos, acaudillada por Louverture, Dessalines y Christophe, venció a los ejércitos de varios países y declaró la independencia en 1804. Haití se convirtió en la primera república negra fuera de África y la segunda colonia independiente, después de EE.UU.
Christophe llegaría a ser más tarde el rey megalómano de la parte norte de la isla, en la que intentó reproducir el modelo europeo con su propia aristocracia y una corte con lacayos de peluca y librea que residía en el palacio de Sanssouci, al pie de la imponente fortaleza de Laferrière. Los sucesos de la revolución y la corte de Christophe están maravillosamente novelados por el cubano Alejo Carpentier en El reino de este mundo (1946).
La economía había quedado destrozada, y los hatianos no conseguirían sacudirse el yugo extranjero. Primero fue Francia, la exmetrópoli, que en 1825 envió una flotilla y exigió el pago de 90 millones de francos oro en concepto de "indemnización" por la independencia. La primera deuda externa de América Latina.
Casi un siglo más tarde fueron los marines de Estados Unidos los que, en función de la doctrina Monroe ("América para los americanos") ocuparon el país entre 1915-34. Instauraron la corvée (trabajo obligatorio), construyeron carreteras y formaron el ejército local para reprimir las revueltas. Murieron 3.000 haitianos.

La dinastía de los Duvalier
La democracia haitiana no parecía destinada a permanecer, por la oposición de la oligarquía interna y de las presiones externas. En 1956, tras un periodo en el que se suceden los gobiernos elegidos y los golpes de estado, François Duvalier, Papa Doc, fue elegido presidente. Médico y defensor de la negritud, era visto por los más pobres como un benefactor. Pero pronto cayeron en la cuenta de su error.
Papa Doc se declaró presidente vitalicio, liquidó a sus opositores y sometió a la población utilizando el vudú y a un brutal cuerpo de seguridad, los tonton macoutes (los "hombres del saco"). Su política anti-comunista le granjeó el apoyo de Washington.
La dinastía cleptocrática se prolongó hasta 1986 con Jean Jacques Duvalier, Baby Doc, un heredero con ínfulas de play-boy, que se exilió a Francia para huir de la revuelta. Baby Doc ha regresado recientemente, según dice para "ayudar". La justicia le acusa de crímenes contra la humanidad y apropación indebida de 100 millones de dólares.

El sueño frustrado de Aristide
En 1990, un sacerdote de la Teología de la Liberación, Jean Bertrand Aristide, famoso por sus incendiarias homilías en las que reclamaba justicia social, fue elegido presidente con gran apoyo popular. Duró poco. Un año después, los militares le echaron del poder y del país.
La sangrienta represión posterior lanzó a miles de balseros al mar, a bordo de precarias embarcaciones, con destino a Estados Unidos. En 1994, el presidente de EE.UU., Bill Clinton repone a Aristide, que acaba su mandato.
Aristide vuelve a ganar en 2001, pero sus promesas de cambio chocan con las políticas del FMI y el Banco Mundial. En las calles arrecia la violencia entre partidarios y detractores del presidente. Jóvenes armados de los barrios más pobres, los temidos chimères, campan a sus anchas en Puerto Príncipe.
En medio del caos y de una revuelta armada en su contra, Aristide abandona el país en 2004, a bordo de un helicóptero estadounidense que le transporta a África. El presidente asegura que ha sido víctima de un golpe de estado y un "secuestro". Aristide, también, ha regresado a Haití, desde su exilio en Suráfrica, y aún cuenta con un buen número de seguidores entre los desheredados.

Violencia, huracanes, terremotos y el cólera
El gobierno de René Preval, que sucedió al de Aristide, se empleó, con ayuda de la misión de la ONU, la MINUSTAH, en acabar con la violencia. Los cascos azules, vistos por muchos haitianos como una nueva ocupación, causaron un número indeterminado de muertos en 2005 en Cité Soleil, un barrio de chabolas de la capital, en lo que la MINUSTAH llamó una operación contra las "bandas".
Pero la precaria paz social obtenida no va acompañada de mejoras de vida. Además de a la pobreza, los haitianos han de hacer frente a huracanes, al terremoto (300.000 muertos) y a una epidemia de cólera (casi 5.000 muertos).
Las recientes elecciones, no exentas de polémica ni de muertes, han convertido en presidente al cantante Michel Martelly, cuyo programa debe ser acelerar la reconstrucción, que avanza con una lentitud exasperante.
Cuando no son los hombres, es la naturaleza la que golpea a Haití. Pero a pesar de la precariedad, de la miseria, de los continuos reveses, los haitianos siguen siendo orgullosos: recuerdan que son los descendientes de los esclavos que se liberaron a sí mismos.
http://www.rtve.es/noticias/20110520/haiti-revolucion-esclavos-devastacion-del-terremoto/433539.shtml